Hay un momento en el que la deshonestidad intelectual deja de ser un error y se convierte en política exterior. Eso es lo que ocurrió el 29 de septiembre de 2025, cuando Benjamín Netanyahu, de pie junto a Donald Trump en la Casa Blanca, dijo lo siguiente:
“President Trump just said it. It’s also in the Bible. It says, ‘Those who will bless you will be blessed, and those who will curse you will be cursed.’ And that’s actually what is happening.”
(“El presidente Trump acaba de decirlo. También está en la Biblia. Dice: “Aquellos que os bendigan [a Israel] serán bendecidos, y aquellos que os maldigan [a Israel] serán maldecidos”. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo.”)
La frase circuló como pólvora en redes sociales, recortada y descontextualizada, y millones de evangélicos norteamericanos la recibieron como una confirmación divina de su teología política favorita. Yo la recibí con una mezcla de asombro y una pregunta que no pude ignorar: ¿Netanyahu sabe lo que ese versículo dice en realidad? ¿O simplemente sabe lo que sus aliados quieren escuchar?
Comencemos por el texto:
וַאֲבָרְכָה מְבָרְכֶיךָ וּמְקַלֶּלְךָ אָאֹר וְנִבְרְכוּ בְךָ כֹּל מִשְׁפְּחֹת הָאֲדָמָה
“Y bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra”.
-Katznelson, M. (1996). La Biblia, hebreo-español, Versión castellana conforme a la tradición judía por Moisés Katznelson. Tel Aviv, Israel: Sinai Publishing. Volumen I. p. 17.
Así aparece en Bereshit 12:3, dirigido por el Santo Bendito Él a Avraham, en el momento en que le ordena abandonar su tierra, su familia y la casa de su padre para ir a un lugar que aún no le ha sido revelado. No a un Estado. No a un ejército. No a un primer ministro. A un hombre solo, sin mapa, caminando hacia lo desconocido en respuesta a una voz que le exige confianza absoluta. Eso es el sujeto real de la promesa. Y cualquier lectura que ignore ese contexto no está interpretando el Tanaj: lo está usando de forma utilitaria.
Lo primero que te golpea cuando abres los comentaristas medievales sobre este pasuk es que ninguno —absolutamente ninguno— lo lee como Netanyahu lo leyó frente a Trump. Empecemos por el rabino andalusí Ibn Ezra, cuya brevedad es en sí misma un argumento: מְבָרְכֶיךָ. רַבִּים (“Quienes te bendigan, está en plural”) y וּמְקַלֶּלְךָ. יָחִיד (“Y quien te maldiga, está en singular”). Con esa sola observación gramatical, Ibn Ezra ya ha deshecho la simetría que Netanyahu necesita para su construcción retórica. Los que bendicen son muchos — רַבִּים — y los que maldicen son apenas uno, señalado en singular — יָחִיד — con toda la intencionalidad teológica que eso implica. La promesa no es un mecanismo automático de recompensa para los aliados de ningún Estado: es una descripción de la dignidad moral de Avraham, cuya influencia espiritual atrae a multitudes mientras que sus detractores son por definición una minoría marginal.
Rashi, el más popular de todos los exegetas medievales, interpreta el cierre del versículo —וְנִבְרְכוּ בְךָ כֹּל מִשְׁפְּחֹת הָאֲדָמָה— de una manera que debería resultar radicalmente incómoda para quien pretende convertir la frase en eslogan político: יֵשׁ אַגָּדוֹת רַבּוֹת, וְזֶהוּ פְשׁוּטוֹ, אָדָם אוֹמֵר לִבְנוֹ תְּהֵא כְּאַבְרָהָם (“Hay muchas aggadot, pero este es su sentido llano: una persona le dice a su hijo, sé como Avraham”). El texto, según Rashi, no describe un mecanismo de bendición automática que opera sobre naciones políticas por el simple acto de alinearse con ellas. Describe cómo Avraham se convierte en paradigma moral, en modelo de conducta que los padres invocan para sus hijos. La prueba que el propio Rashi aduce es בְּךָ יְבָרֵךְ יִשְׂרָאֵל לֵאמֹר יְשִׂמְךָ אֱלֹהִים כְּאֶפְרַיִם וְכִמְנַשֶּׁה (“en ti bendecirá Israel, diciendo: que Dios te haga como Efraím y como Menashé”), la fórmula de bendición que los padres judíos recitan sobre sus hijos varones cada viernes por la noche. Avraham es la referencia de la virtud humana aspiracional, no el nombre en clave de un proyecto geopolítico. La diferencia no es menor. Es todo.
Ahora bien, el Keli Yakar —cuya agudeza analítica no tiene paralelo entre los comentaristas del periodo moderno temprano— hace algo aún más perturbador para la lectura de Netanyahu. Se detiene en la asimetría gramatical que ya había notado Abn Ezra y la convierte en una teología completa:
וַאֲבָרְכָה מְבָרְכֶיךָ וּמְקַלֶּלְךָ אָאֹר. מַה שֶּׁלֹּא נֶאֱמַר ״וְאָאֹר מְקַלְלֶיךָ״ כְּדֶרֶךְ שֶׁאָמַר ״וַאֲבָרְכָה מְבָרְכֶיךָ״
(“'Y bendeciré a quienes te bendigan, y a quien te maldiga maldeciré'. Por qué no se dijo 'maldeciré a quienes te maldigan' como sí se dijo 'bendeciré a quienes te bendigan'”).
La pregunta parece técnica hasta que el Keli Yakar responde con algo que ningún predicador dispensacionalista americano jamás mencionará en su sermón:
יָדוּעַ שֶׁלְּטוֹבָה הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא מְצָרֵף מַחֲשָׁבָה לְמַעֲשֶׂה, אֲבָל מַחֲשָׁבָה רָעָה אֵין הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא מְצָרְפָהּ לְמַעֲשֶׂה
(“Es sabido que para el bien, el Santo Bendito Él une el pensamiento a la acción, pero el mal pensamiento, el Santo Bendito Él no lo une a la acción”).
El que piensa en bendecir a Avraham ya recibe la bendición divina antes de pronunciar una sola palabra — קֹדֶם שֶׁיּוֹצִיא הַבְּרָכָה מִפִּיו (“antes de que saque la bendición de su boca”). El que planea maldecirlo, en cambio, recibe la consecuencia solo después de haber actuado. Esta es la asimetría moral que el texto hebreo encierra, y que la paráfrasis de Netanyahu aplana por completo en su conversión a slogan transaccional.
Porque la clave de todo —y aquí está el corazón del problema con la lectura dispensacionalista— es que el Keli Yakar añade una segunda explicación igual de demoledora para la retórica política:
לְפִי שֶׁאֵינוֹ דּוֹמֶה מוֹרִיק מִכְּלִי מָלֵא וְגָדוּשׁ לְמוֹרִיק מִכְּלִי חָסֵר
(“Porque no es igual verter de un recipiente lleno y rebosante que verter de un recipiente vacío”).
La razón por la que Dios bendice primero al que va a bendecir a Avraham es para que esa bendición sea genuina — para que quien bendice lo haga desde la plenitud, no desde la vacuidad. Esto invierte completamente la lógica dispensacionalista, que imagina un flujo de prosperidad material monetaría utilitarista que corre automáticamente desde Dios hacia quien apoya al Estado de Israel. Keli Yakar describe exactamente lo contrario: Dios enriquece primero al que va a bendecir, para que la bendición sea real. El movimiento no es de apoyo político a prosperidad económica. Es de gracia divina que habilita la generosidad moral.
El Or HaJayim lleva el análisis todavía más lejos en su lectura del singular וּמְקַלֶּלְךָ frente al plural מְבָרְכֶיךָ, y añade una dimensión que tiene que ver con la protección de la dignidad de Avraham:
כִּי יַחְפּוֹץ ה׳ לְהַפְחִיד לְבַל יְזַלְזֵל אָדָם בִּכְבוֹדוֹ שֶׁל אַבְרָהָם
(“Porque Dios desea infundir temor para que nadie menosprecie el honor de Avraham”).
El uso del singular en la maldición no es casualidad: es pedagogía divina. Dios quiere que cualquier potencial detractor sepa que incluso si es el único que maldice, enfrenta una consecuencia real. No es una coalición necesaria para que el mecanismo funcione. Un solo individuo que insulta la dignidad de Avraham ya activa la respuesta divina. Esta lectura —la de la dignidad personal de un individuo extraordinario bajo protección divina— es radicalmente distinta de la idea de que un Estado-nación moderno activa bendiciones materiales automáticas sobre sus aliados geopolíticos.
El Talmud Bavli nos da la aplicación halájica central de וַאֲבָרְכָה מְבָרְכֶיךָ, y es tan diferente a lo que Netanyahu dijo frente a Trump que merece ser citada con toda su extensión. En Sotá 38b leemos:
אָמַר רַבִּי יְהוֹשֻׁעַ בֶּן לֵוִי: כׇּל כֹּהֵן שֶׁמְּבָרֵךְ — מִתְבָּרֵךְ, וְשֶׁאֵינוֹ מְבָרֵךְ — אֵין מִתְבָּרֵךְ, שֶׁנֶּאֱמַר: ״וַאֲבָרְכָה מְבָרְכֶיךָ״
(“Dijo Rabí Yehoshúa ben Leví: todo cohen que bendice, es bendecido, y el que no bendice, no es bendecido, como está dicho: ‘Y bendeciré a quienes te bendigan’”).
La aplicación que los Sabios hicieron de este versículo no fue geopolítica ni económica: fue la obligación ritual y el mérito espiritual del cohen que extiende sus manos sobre el pueblo de Israel en la Birkat Cohanim. El que bendice al pueblo de Israel recibe la bendición divina como consecuencia de ese acto de servicio sagrado. Igualmente, en Berajot 55a:
וְכוֹס שֶׁל בְּרָכָה לְבָרֵךְ וְאֵינוֹ מְבָרֵךְ — דִּכְתִיב: ״וַאֲבָרְכָה מְבָרְכֶיךָ״
(“Y quien recibe una copa de bendición para bendecir y no bendice —como está escrito: 'Y bendeciré a quienes te bendigan'”— acorta sus días).
La enseñanza de los JaZa”L aquí es una advertencia ética sobre la responsabilidad litúrgica. El versículo se aplica a quién tiene el honor de liderar la bendición comunitaria y la ejerce o la descuida. Ninguno de los amoraím que desarrollaron estas tradiciones estaba pensando en alianzas militares, en fondos de inversión, en relaciones diplomáticas, ni en la prosperidad del Congreso norteamericano como consecuencia de su política exterior hacia el Medio Oriente.
Y en Yevamot 63a encontramos la lectura del cierre del pasuk —וְנִבְרְכוּ בְךָ כֹּל מִשְׁפְּחֹת הָאֲדָמָה— que el Talmud interpreta con una especificidad histórica que pulveriza cualquier fantasía dispensacionalista:
אֲמַר לֵיהּ הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא לְאַבְרָהָם: שְׁתֵּי הַבְרָכוֹת טוֹבוֹת יֵשׁ לִי לְהַבְרִיךְ בְּךָ: רוּת הַמּוֹאֲבִיָּה, וְנַעֲמָה הָעַמּוֹנִית
(“Le dijo el Santo Bendito Él a Avraham: Dos buenos injertos tengo para injertar en ti: Rut la moabita y Naamá la amonita”).
Cuando el Talmud explica qué significa que todas las familias de la tierra serán bendecidas en Avraham, lo que dice es esto: personas de entre las naciones que se integran al pueblo de Israel a través de la conversión y la rectitud moral. Rut y Naamá, de cuyas descendencias surgieron David y Shlomó respectivamente, son el cumplimiento concreto de esa promesa cósmica. Ningún F-35, ningún voto en el Consejo de Seguridad, ninguna transferencia bancaria entre Washington y Tel Aviv.
Es aquí donde la manipulación de Netanyahu alcanza su mayor sofisticación —y su mayor descaro. Porque el primer ministro no está simplemente citando un versículo. Está haciendo algo estructuralmente idéntico a lo que la teología dispensacionalista americana lleva décadas haciendo: tomar una promesa formulada en segunda persona del singular, dirigida a Avraham como individuo en un contexto de prueba existencial, y trasladarla retroactivamente a un Estado que fue fundado en 1948 por personas en su mayoría seculares y, en muchos casos, activamente antirreligiosas. Esta traslación no es exégesis. Es tipología política. Y la diferencia importa.
La teología dispensacionalista —formulada por John Nelson Darby en el siglo XIX y popularizada en el siglo XX por el Scofield Reference Bible— sostiene que la nación de Israel moderna es el heredero directo de las promesas patriarcales del Tanaj, y que por lo tanto cualquier acto de apoyo político, diplomático o militar a ese Estado activa automáticamente “las bendiciones” prometidas a Avraham. Es una construcción teológica que no tiene ningún precedente en la tradición judía rabínica, que los propios eruditos del Nuevo Testamento han debatido sin resolver, y que fue diseñada originalmente para una audiencia cristiana protestante que en muchos casos tiene una agenda escatológica que incluye la eventual conversión de los judíos al Mesías cristiano. Lo irónico —o lo grotesco, dependiendo del punto de vista— es que Netanyahu adoptó exactamente esa lectura y la usó como herramienta diplomática frente a un público que la fabrica para sus propios fines y que en el fondo tiene agendas que ningún judío practicante debería encontrar cómodas.
Rabí Yoel Teitelbaum, el Satmar Rebe זצוק"ל, que escribió su monumental ויואל משה VaYoel Moshe antes de que Netanyahu pudiera haberlo imaginado, diagnosticó con precisión casi profética exactamente lo que estamos viendo. En la introducción de esa obra extraordinaria, escribió:
וּבְדוֹרוֹתֵינוּ אֵלֶּה כָּכָה עוֹשִׂים הַדָּתִיִּים הַנִּגְרָרִים אַחַר הַצִּיּוֹנִים וּמִשְׁתַּתְּפִים עִמָּהֶם, שֶׁמְּבִיאִים רְאָיוֹת מֵהַתּוֹה"ק לְשִׁיטַת הַצִּיּוֹנוּת בִּלְבוּשִׁים שׁוֹנִים וּמַטְעִים בָּזֶה אַף לְבָבוֹת תְּמִימֵי דֶּרֶךְ, כְּמוֹ שֶׁעָשׂוּ הַצְּדוֹקִים וְהַנּוֹצְרִים וְכַת הַשַּׁ"ך וְכָל מַפִּירֵי הַתּוֹה"ק בִּזְמַנֵּיהֶם. וְעוֹד יוֹתֵר מִזֶּה עַכְשָׁו שֶׁהִתְלַבְּשׁוּ בְּאַצְטָלָא יְרוּשַׁלְמִית בְּשֵׁם חִיבַּת הָאָרֶץ וְהַצָּלַת יִשְׂרָאֵל, וְהַשְּׁקָרִים וְהַזִּיּוּפִים מְרוּבִּין הֵם עַד אֵין שִׁעוּר לְהַטְעוֹת עֵינֵי הַבְּרִיּוֹת
(“Y en nuestras generaciones hacen lo mismo los religiosos que se dejan arrastrar tras los sionistas y participan con ellos: traen pruebas de la sagrada Torá en apoyo del sistema sionista con distintos ropajes, engañando así incluso a corazones íntegros de conducta — tal como lo hicieron los Tzedokim, los Notzrim y la secta del Sha"j (Shabetai Tzvi), y todos los corruptores de la Torá en sus tiempos. Y más aún ahora, que se han envuelto en un manto de Jerusalén bajo el nombre del amor a la Tierra y la salvación de Israel, y las mentiras y las falsificaciones son tan numerosas que no tienen medida, para engañar los ojos de los seres humanos”).
La equiparación que el Satmar Rebe establece entre el uso sionista de los textos de la Toráh y las distorsiones históricas de los Tzedokim (saduceos) y los Notzrim (cristianos) no es retórica hiperbólica. Es un argumento preciso sobre la estructura del engaño textual. Los saduceos tomaron el texto bíblico y lo usaron para legitimar una aristocracia sacerdotal que contradecía la Torah Oral. Los primeros cristianos, los notzrim, tomaron el texto hebreo y lo reinterpretaron tipológicamente para hacer a Yeshú el cumplimiento de profecías que no hablaban de él. Los sionistas —en su variante religiosa, que es la que el Rebe critica— tomaron promesas dirigidas a individuos o a la comunidad espiritual de Israel y las trasladaron a un proyecto nacional secular racista fundado en categorías que la halajá nunca reconoció como determinantes de la identidad y la promesa divinas. Netanyahu, al parafrasear Bereshit 12:3 frente a Trump en la Casa Blanca, hizo exactamente eso, con el agravante de que no lo hizo ante una audiencia judía que pudiera evaluarlo críticamente: lo hizo ante una audiencia evangélica que recibió la cita como confirmación de su propia teología, una teología que el judaísmo rabínico rechaza como distorsión desde sus fundamentos.
El Malbim, que escribió en el siglo XIX y que es uno de los exegetas más cuidadosos en el análisis psicológico y filosófico de los textos bíblicos, conecta el versículo con el análisis que Maimónides hace en la Tercera Parte del Moreh Nevujim, y llega a una lectura que tiene una dignidad histórica que ninguna interpretación geopolítica puede replicar.
הוּא כְּמָה שֶׁאָמַר הַמּוֹרֶה (ח"ג פַּכ"ט) שֶׁאַבְרָהָם בַּאֲשֶׁר חָלַק עַל דַּעוֹת בְּנֵי אָדָם כוּלָּם שֶׁהָיוּ הַתּוֹעִים הָהֵם מְגַנִּים וּמְבַזִּים אוֹתוֹ
(“Es como lo que dijo el Moreh (Parte III, cap. 29), que Avraham, en cuanto disputó con las opiniones de todos los seres humanos que estaban extraviados, esos errados le vituperaban y menospreciaban”).
Avraham fue maldecido y despreciado por sus contemporáneos precisamente porque desafió el consenso idolátrico de su época. La promesa divina וַאֲבָרְכָה מְבָרְכֶיךָ וּמְקַלֶּלְךָ אָאֹר fue el respaldo a un individuo que se mantuvo solo frente a una civilización entera. El Malbim concluye que el resultado histórico de esa promesa es que אַחֲרִית עִנְיָנוֹ מַה שֶׁנִּרְאֶה הַיּוֹם מֵהַסְכֵּם רֹב אַנְשֵׁי הָעוֹלָם לְהַגְדִּילוֹ וּלְהִתְבָּרֵךְ בוֹ (“el resultado final de su asunto es lo que vemos hoy, que la mayoría de los seres humanos del mundo acuerdan engrandecerlo y bendecirse en él”). Esta es la "bendición" universal de Avraham: la ética monoteísta que él inauguró y que permea civilizaciones enteras. No un flujo de dinero, no una alianza militar, no el apoyo del Pentágono.
Aquí es donde la maniobra de Netanyahu se vuelve especialmente inestable cuando la examinamos desde la propia tradición que él invoca. Porque Bereshit Rabá, el gran midrash sobre el Génesis, ofrece en 39:12 una observación que debería hacer tropezar a cualquier lector honesto:
הֶחְמִיר הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא בִּכְבוֹדוֹ שֶׁל צַדִּיק יוֹתֵר מִכְּבוֹדוֹ
(“El Santo Bendito Él fue más severo en el honor del justo que en su propio honor”).
El midrash lo demuestra comparando el versículo de Bereshit 12:3 con el de I Shmuel 2:30, donde Dios dice sobre su propio honor que quienes lo desprecien serán despreciados — בֹּזַי יֵקָלּוּ — a través de otros, en pasivo. Pero sobre el honor de Avraham, dice אָאֹר — "yo maldeciré", en primera persona activa. Dios interviene personalmente en defensa del honor del justo. Esta afirmación tiene una profundidad moral que deja a la retórica de Netanyahu sin piso: la promesa divina no protege a un Estado porque tenga un ejército poderoso o porque cuente con el apoyo de la superpotencia más grande del mundo. Protege al tzadik— al justo — cuya rectitud moral justifica la intervención divina. La pregunta que ese midrash le haría a Netanyahu es tan incómoda que prefiero formularla sin rodeos: ¿bajo qué categoría halájica clasifica usted la conducta que motivó los procesos judiciales en su contra, y cómo esa categoría se relaciona con la condición del tzadik que el versículo presupone?
El Rashbam —sobrino del Rashi, exegeta de una austeridad literalista que no tiene parangón en la exégesis medieval— ofrece sobre וְנִבְרְכוּ בְךָ una lectura que subvierte incluso la idea más elemental de que la frase describe una bendición espiritual en el sentido convencional. לְשׁוֹן מְבָרֵךְ וּמַרְכִּיב, כְּלוֹמַר, יִתְעָרְבוּ בְּמִשְׁפַּחְתְּךָ מִשְׁפָּחוֹת הָאֲדָמָה (“Es un término de injerto y trasplante, es decir, que las familias de la tierra se mezclarán con tu familia”). El Rashbam lee וְנִבְרְכוּ no como niphal del verbo בָּרַךְ (bendecir), sino como derivado de la raíz agrícola de la Mishná que describe el injerto de vides — הַמַּבְרִיךְ — el proceso de enterrar un sarmiento de vid para que eche raíces nuevas. Las familias de la tierra se integrarán en Avraham como sarmientos en una vid. La imagen es de inclusión orgánica, de crecimiento biológico, de extensión de identidad a través del contacto y la adopción. Es exactamente lo que el Talmud codifica en la referencia a Rut y a Naamá. Es lo opuesto de una política de "con nosotros o contra nosotros" que se activa mediante cheques de asistencia militar.
Lo que Netanyahu hizo el 29 de septiembre de 2025 no fue simplemente un error exegético. Fue una operación de branding religioso diseñada para una audiencia específica. Los evangélicos dispensacionalistas americanos — que representan decenas de millones de votantes en estados clave, que financian organizaciones pro-Israel con cientos de millones de dólares anuales, y que tienen una teología que literalmente requiere que Israel exista y prospere para que ocurra el Apocalipsis y el posterior retorno del Yeshú — escucharon en esa cita exactamente lo que necesitaban escuchar. La promesa bíblica validando su weltanschauung. El primer ministro de Israel validando su lectura del texto hebreo. La alineación perfecta entre su escatología cristiana y la política exterior del Estado de Israel. Lo que ninguno de ellos sabe — o prefiere no saber — es que esa validación fue comprada al precio de distorsionar el significado que la tradición judía ha dado a ese versículo durante dos mil años de estudio, comentario y aplicación legal.
El Rav Yoel Teitelbaum no vivió para ver a Netanyahu citar la Torá frente a Trump. Pero vivió lo suficiente para comprender el mecanismo. וְהַשְּׁקָרִים וְהַזִּיּוּפִים מְרוּבִּין הֵם עַד אֵין שִׁעוּר לְהַטְעוֹת עֵינֵי הַבְּרִיּוֹת — “Las mentiras y las falsificaciones son tan numerosas que no tienen medida, para engañar los ojos de los seres humanos”. La severidad de esa frase se entiende mejor cuando se la pone en contexto: el Satmar Rebe equiparó esa práctica de usar textos de la Torá para legitimar el proyecto sionista con lo que los primeros Notzrim hicieron con el Tanaj hebreo. No es una acusación cosmética. Es una acusación estructural: el mismo tipo de violencia hermenéutica que convirtió el texto hebreo en el Antiguo Testamento de otra religión está operando, según el Rebe, cuando el texto hebreo es convertido en el manifiesto de un Estado secular moderno. Netanyahu añadió una capa adicional de sofisticación a ese mecanismo: usó la lectura cristiana dispensacionalista del versículo hebreo para hablarle a una audiencia cristiana, validando así simultáneamente una teología que el judaísmo rechaza y una política que no tiene relación con el significado rabínico del texto.
Quisiera detenerme en Bereshit Rabá porque hay un pasaje que ilumina algo que generalmente pasa desapercibido en estas discusiones. En 39:12 leemos también:
וְנִבְרְכוּ בְךָ. הַגְּשָׁמִים בִּזְכוּתְךָ, הַטְּלָלִים בִּזְכוּתְךָ
(“Y serán bendecidos en ti. Las lluvias por tu mérito, los rocíos por tu mérito”).
La bendición cósmica de Avraham en el midrash no se manifiesta en alianzas militares ni en transfers bancarios: se manifiesta en la lluvia y en el rocío que caen sobre la tierra por su mérito. Esta es una bendición que no puede monetizarse, no puede negociarse, no puede transferirse mediante un voto en las Naciones Unidas. Es una gracia que fluye del mérito moral de un individuo hacia la totalidad de la creación. La distancia entre esa imagen y la escena de Netanyahu y Trump en la Casa Blanca no es solo una distancia de dos mil años: es una distancia cualitativa entre dos formas completamente diferentes de entender qué es sagrado, qué es promesa y qué es política.
Hay una última dimensión del pasuk que ninguna lectura política puede capturar, y que el Daat Zekenim recoge con una precisión que merece ser citada: וַאֲבָרְכָה מְבָרְכֶיךָ. אָמַר לוֹ הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא לְאַבְרָהָם מִמְּךָ יֵצֵא שֵׁבֶט שֶׁמְּבָרֵךְ אֶת בָּנַי, זֶהוּ שֵׁבֶט לֵוִי שֶׁיָּצְאוּ מִמֶּנּוּ כֹּהֲנִים שֶׁמְּבָרְכִים אֶת יִשְׂרָאֵל (“Le dijo el Santo Bendito Él a Avraham: de ti saldrá una tribu que bendice a mis hijos, esa es la tribu de Leví, de la que salieron los cohanim que bendicen a Israel”). El midrash lleva la promesa וַאֲבָרְכָה מְבָרְכֶיךָ hasta su implicación institucional: de Avraham surge la tribu sacerdotal que tiene como función principal el acto ritual de bendecir al pueblo, y Dios, a su vez, bendice a esa tribu. El circuito completo de la promesa es: Avraham — tribu de Leví — cohanim que bendicen a Israel — bendición divina sobre los cohanim. No hay lugar en ese circuito para parlamentos, para vetos en el Consejo de Seguridad, para paquetes de asistencia militar, ni para conferencias de prensa conjuntas.
El problema que Netanyahu creó al citar Bereshit 12:3 frente a Trump no es simplemente teológico. Es político en el sentido más profundo de la palabra, porque define quién tiene autoridad para hablar en nombre de un texto y a quién beneficia esa habla. El dispensacionalismo americano necesita al Estado de Israel para completar su escatología piromana. Netanyahu necesita al dispensacionalismo americano para mantener el apoyo político y financiero de un segmento crucial del electorado norteamericano. La cita de Bereshit 12:3 fue el puente perfecto entre esas dos necesidades mutuamente dependientes. El texto hebreo fue el pago que Netanyahu ofreció a cambio de la alianza. Que ese texto no diga lo que él dijo que decía fue, en el contexto de esa conferencia de prensa, un detalle sin importancia.
Pero desde la perspectiva del judaísmo rabínico, eso es exactamente lo que importa. Porque el Talmud, el Midrash, el Rashbam, el Keli Yakar, el Or HaJayim, el Malbim y el Satmar Rebe — tradiciones que atraviesan doce siglos de análisis textual sin interrupciones — son unánimes en que וַאֲבָרְכָה מְבָרְכֶיךָ habla de la rectitud moral de un individuo que abandonó todo para seguir una voz que le exigía confianza absoluta, y que la "bendición universal" prometida en וְנִבְרְכוּ בְךָ כֹּל מִשְׁפְּחֹת הָאֲדָמָה se cumple en el legado ético y espiritual de ese individuo, no en la prosperidad geopolítica de un Estado que lleva su nombre pero que fue fundado bajo principios que él nunca conoció.
El Rav Teitelbaum escribió que las mentiras son tan numerosas que no tienen medida para engañar los ojos de los seres humanos. Tenía razón. Pero los textos siguen donde siempre estuvieron, abiertos para quien tenga la paciencia de leerlos. La pregunta que queda flotando después de toda esta investigación es una sola, y la formulo sin retórica: cuando Netanyahu dijo "it's also in the Bible", ¿estaba hablando del mismo libro que Rashi, el Rashbam, el Keli Yakar y Rabí Yehoshúa ben Leví estudiaron durante sus vidas? Porque si fue el mismo libro, llegaron a conclusiones radicalmente distintas. Y si fue un libro diferente, entonces hay que llamarlo por su nombre correcto.