8/02/2026

Lucas 8:19-25: Yeshú quebranta lo que dice Éxodo 20:12 deshonrando a su madre

BS"D



Lucas 8:19–25 

[8:19] παρεγενοντο δε προϲ αυτον η μητηρ αυτου και οι αδελφοι αυτου και ουκ ηδυναντο ϲυτυχιν αυτω δια τον οχλον
[Evangelio de Marción: No presente]

[8:20] απηγγελη δε αυτω οτι η μητηρ και οι αδελφοι ϲου εϲτηκαϲιν εξω ϊδιν ϲε θελοντεϲ
[Evangelio de Marción: {ἀπηγγέλω . . . αὐτῷ} ἡ μήτηρ σου καὶ οἱ ἀδελφοί σου {ἔξω ἐστήκασιν ἰδεῖν θέλοντές σε}.]

[8:21] ο δε αποκριθειϲ ειπεν προϲ αυτουϲ μητηρ μου και αδελφοι μου ουτοι ειϲιν οι τον λογον ακουοντεϲ και ποιουντεϲ
[Evangelio de Marción: τίς μοι μήτηρ καὶ τίνες μοι ἀδελφοί, εἰ μὴ οἱ τοὺς λόγους μου ἀκούοντες καὶ ποιοῦντες αὐτούς.]

[8:22] εγενετο δε μια τω ημερων ενεβη ειϲ πλοιον και οι μαθηται αυτου και ειπεν προϲ αυτουϲ διελθωμεν ειϲ το περαν τηϲ λιμνηϲ και ανηχθηϲαν
[Evangelio de Marción: . . . διέλθωμεν εἰς τὸ πέραν . . .]

[8:23] πλεοντων δε αυτω αφυπνωϲεν και κατεβη λαιλαψʼ ανεμου ειϲ την λιμνη και ϲυνεπληρουντο και εκινδυνευο
[Evangelio de Marción: πλεόντων [δέ likely present] αὐτῶν ἀφύπνωσεν . . . (λαῖλαψ ἀνέμου εἰς τὴν λίμνην) . . .]

[8:24] προϲελθοντεϲ δε διηγειραν αυτον λεγοντεϲ επιϲτατα επιϲτατα απολλυμεθα ο δε διεγερθειϲ επετιμηϲεν τω ανεμω και του κλυδωνι του υδατοϲ και επαυϲατο και εγενετο γαληνη
[Evangelio de Marción: . . . ὁ δὲ ἐγερθεὶς ἐπετίμησε τῷ ἀνέμῳ καὶ τῇ θαλάσσῃ . . .]

[8:25] ειπεν δε αυτοιϲ που η πιϲτιϲ ϋμων οι δε φοβηθεντεϲ εθαυμαϲαν λεγοντεϲ τιϲ αρα ουτοϲ εϲτιν οτι και τοιϲ ανεμοιϲ επιταϲϲει και τω ϋδατι και υπακουουϲιν αυτω
[Evangelio de Marción: . . . τίς δὲ οὗτός ἐστιν, ὅς [καί may have been present] τοῖς ἀνέμοις {καὶ τῇ θαλάσσῃ ἐπιτάσσει};]

(Traducción

[8:19] Y se presentaron junto a él su madre y sus hermanos, y no podían llegar hasta él a causa de la multitud.
[Evangelio de Marción: No presente]

[8:20] Y le fue anunciado: Tu madre y tus hermanos están fuera, de pie, queriendo verte.
[Evangelio de Marción: {Le fue anunciado... a él}: Tu madre y tus hermanos {están de pie afuera, queriendo verte}.]

[8:21] Él, respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son estos, los que oyen la palabra y la hacen.
[Evangelio de Marción: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos, sino los que oyen mis palabras y las hacen?]

[8:22] Y aconteció, en uno de los días, que él embarcó en una barca, y sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y se hicieron a la mar.
[Evangelio de Marción: ...Pasemos al otro lado...]

[8:23] Y mientras navegaban, se durmió; y descendió una tempestad de viento sobre el lago, y se anegaban y corrían peligro.
[Evangelio de Marción: Y mientras navegaban (ellos), se durmió... (una tempestad de viento sobre el lago)...]

[8:24] Y acercándose, lo despertaron, diciendo: ¡Maestro, maestro, perecemos! Y él, despertado, reprendió al viento y al oleaje del agua; y cesó, y sobrevino la bonanza.
[Evangelio de Marción: ...Y él, levantado, reprendió al viento y al mar...]

[8:25] Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y ellos, atemorizados, se maravillaron, diciendo: ¿Quién es, pues, este, que aun a los vientos manda y al agua, y le obedecen?
[Evangelio de Marción: ...¿Quién es, pues, este, que también a los vientos {y al mar} manda?] )

Notas filológicas breves:

En 8:21, la divergencia entre Sinaiticus (ὁ λόγος, singular, forma declarativa) y Marción (οἱ λόγοι μου, plural, forma interrogativa: τίς μοι μήτηρ...) es sustancial y no meramente estilística — Marción presenta una pregunta retórica dirigida contra el vínculo de sangre, mientras que Sinaiticus asienta una afirmación positiva sobre quiénes constituyen la nueva familia.

En 8:24, el testimonio marcionita τῇ θαλάσσῃ ("el mar") frente al τῷ κλύδωνι τοῦ ὕδατος ("el oleaje del agua") de Sinaiticus es notable: el término θάλασσα es el que emplea Marcos (4:39) en el pasaje paralelo, lo que podría indicar una armonización posterior o una lectura previa a la redacción lucana particular que distingue κλύδων/ὕδωρ frente a λίμνη — dato relevante para cualquier argumento sobre prioridad de fuentes en tu aparato crítico.


Lucas 8:19-25: la madre que se queda afuera y el mar que le obedece — ¿nueva familia del reino o usurpación del kibud em y del Creador?

Dos escenas, seis versículos, y sin embargo el mismo gesto que ya vengo documentando desde la pecadora de Betania: algo que la Torah reserva —al padre y a la madre en un caso, a Dios mismo en el otro— es desplazado o absorbido por la persona de Yeshú, y el texto registra el desplazamiento con una honestidad narrativa que la apologética después tiene que administrar. Primero es su propia madre, de pie en la puerta, sin poder llegar hasta él. Después es el mar, que sólo un Creador tiene autoridad para acallar.

La madre a la puerta: lo que Marción conserva y Lucas suaviza

El texto es escueto y, precisamente por serlo, más difícil de neutralizar:

παρεγένοντο δὲ πρὸς αὐτὸν ἡ μήτηρ αὐτοῦ καὶ οἱ ἀδελφοὶ αὐτοῦ, καὶ οὐκ ἠδύναντο συντυχεῖν αὐτῷ διὰ τὸν ὄχλον —«se presentaron junto a él su madre y sus hermanos, y no podían llegar hasta él a causa de la multitud»—. 

Le avisan: tu madre y tus hermanos están fuera, de pie, queriendo verte. Y la respuesta de Yeshú, en el texto que preserva el Codex Sinaiticus, folio 234a es una declaración:


μήτηρ μου καὶ ἀδελφοί μου οὗτοί εἰσιν οἱ τὸν λόγον ἀκούοντες καὶ ποιοῦντες —«mi madre y mis hermanos son estos, los que oyen la palabra y la hacen»—.

Conviene detenerse aquí en un punto que una lectura apresurada del Sinaiticus puede pasar por alto y que el propio principio de lectio difficilior exige precisar: el Sinaiticus no lee τὸν λόγον τοῦ θεοῦ, «la palabra de Dios», sino simplemente τὸν λόγον, «la palabra», sin genitivo que la posea. La adición τοῦ θεοῦ —presente en el Textus Receptus y respaldada por A, B, D, E, F, G, K, L, M, S, W, X y la generalidad de los minúsculos, entre ellos ℓ339 y ℓ1086— está ausente en el Codex Sianiticus א, y en ningún otro testigo mayúsculo de los cotejados en el aparato disponible; ni siquiera en B (Vaticano), el aliado textual habitual del propio Sinaiticus en la rama alejandrina. 

Codex Vaticanus folio 1319b

Esto obliga a no dar por supuesto que "el texto griego" lee sin más "la palabra de Dios": lo que el testigo más antiguo de los cuatro —el propio Sinaiticus, del siglo IV— transmite es una fórmula deliberadamente más corta y más ambigua, que no fuerza gramaticalmente ninguna resolución entre "mi palabra" y "la palabra de Dios".

Y es precisamente sobre ese fondo donde el testimonio marcionita que Dieter Roth reconstruye en su obra The Text of Marcion’s Gospel (2015, p5.31, sobre Epifanio, Panarion 42.11.6 y 17, y 78.9-10) se vuelve decisivo, porque no se limita a discrepar del Textus Receptus: discrepa también, y en la misma dirección, del propio Sinaiticus. Marción, según Epifanio, no transmite una forma declarativa sino una pregunta retórica, y no lee "la palabra" a secas sino τοὺς λόγους μου, con posesivo de primera persona y en plural: 

τίς μοι μήτηρ καὶ τίνες μοι ἀδελφοί, εἰ μὴ οἱ τοὺς λόγους μου ἀκούοντες καὶ ποιοῦντες αὐτούς

—«¿quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos, sino los que oyen mis palabras y las hacen?»—.

Lo que emerge, cotejados los tres testigos, no es una simple oposición binaria entre "teocéntrico" y "cristocéntrico", sino una gradación de tres pasos que corre en una sola dirección: Marción, con τοὺς λόγους μου, hace de Yeshú mismo, en primera persona, la fuente y la autoridad del logos; el Sinaiticus, con τὸν λόγον a secas, ha perdido ya el posesivo personal pero todavía no ha ganado el genitivo divino —una forma intermedia, deliberada o accidental, pero de todos modos intermedia—; y la rama que domina la tradición manuscrita posterior, con τὸν λόγον τοῦ θεοῦ, cierra explícitamente la ambigüedad que el Sinaiticus había dejado abierta, en la única dirección teológicamente segura disponible: hacia Dios, y no hacia Yeshú.

El testigo hebreo de Vat. Ebr. 100, folio 88v se alinea, en este punto, con esa rama mayoritaria posterior, no con el Sinaiticus: 

וְאָמְרוּ לוֹ אִמְּךָ וְאַחֶיךָ חֲפֵצִים אוֹתָךְ... וְעָנָה וְאָמַר לָהֶם אִמִּי וְאַחַי הֵם אוֹתָם שֶׁשּׁוֹמְעִין דְּבַר השם וַעֲשׂוּהוּ,

«y le dijeron: tu madre y tus hermanos te desean [ver]... y respondió y les dijo: mi madre y mis hermanos son estos, los que oyen la palabra del Eterno השם y la hacen» —, 

Explícito y sin ambigüedad alguna, exactamente como el τοῦ θεοῦ de la rama bizantina, y no como el τὸν λόγον desnudo del Sinaiticus—.

Esto no debilita el argumento marcionita; lo precisa, y en realidad lo refuerza, porque permite formular con mayor rigor el principio que gobierna la crítica textual desde Griesbach: lectio difficilior potior, la lectura más difícil es preferible, y aquí no hay una sola divergencia que explicar sino una gradación completa, atestiguada en tres ramas de transmisión independientes —la occidental marcionita, la alejandrina del Sinaiticus, y la bizantina mayoritaria reforzada por el testigo hebreo—, y las tres corren en el mismo sentido: de lo cristocéntrico hacia lo teocéntrico, nunca al revés. Un copista que hereda τοὺς λόγους μου tiene motivo teológico evidente para suavizarla, primero eliminando el posesivo personal —el paso que el Sinaiticus ya ha dado— y después supliendo el genitivo divino que faltaba —el paso que la rama bizantina completa—. Pero no existe ningún motivo simétrico en la dirección contraria: ningún copista, por descuidado o tendencioso que fuera, tenía razón alguna para tomar τὸν λόγον τοῦ θεοῦ, ya plenamente teocéntrico, y despojarlo primero de su genitivo divino y después dotarlo de un posesivo personal en primera persona atribuido a Yeshú. El cambio sólo es inteligible en un sentido, y el hecho de que ese sentido pueda documentarse ahora en tres etapas sucesivas, no en un solo salto, es lo que hace de τοὺς λόγους μου no sólo la lectura más difícil, sino la lectura de la que las otras dos, cada una a su manera y en su propio momento de la transmisión, se alejan.

Hay además una segunda razón, interna a la propia naturaleza del testigo, que refuerza esto y que conviene explicitar: quien transmite la lectura marcionita es Epifanio, el heresiólogo antimarcionita por excelencia, empeñado —como él mismo declara respecto al v.19 omitido— en exhibir cada manipulación de Marción como prueba de su falsificación del Evangelio. Si Epifanio hubiera tenido algún interés polémico en inventar o exagerar esta fórmula, ese interés habría jugado en su contra: una fórmula donde Yeshú se erige a sí mismo, en primera persona, en criterio de pertenencia familiar por encima de la palabra de Dios es exactamente el tipo de alta cristología que la propia ortodoxia nicena de Epifanio, no Marción, tenía todo el interés en afirmar como verdadera. Epifanio no tenía necesidad polémica alguna de fabricar τοὺς λόγους μου; le bastaba, si hubiera querido, con dejarlo pasar como ortodoxamente aceptable. Que lo transmita de todos modos, sin disputar el contenido de la fórmula —a diferencia de lo que hace con la omisión del v.19, que sí denuncia expresamente como tergiversación—, es la señal más fiable de que está reportando fielmente lo que su ejemplar del Evangelio de Marción decía, no de que lo esté inventando para atacarlo.

La estructura interrogativa —«¿quién es mi madre?»—, en cualquier caso, es, retóricamente, un repudio activo, no una mera redefinición pedagógica. Aplico aquí el mismo criterio que ya he usado en otros pasajes de este proyecto: cuando dos formas de un logion difieren y una es teológicamente más audaz —más centrada en la persona de Yeshú, menos amable con la piedad filial esperada—, esa forma tiende a ser la más temprana, y la más suave, la corrección posterior. Si esto es correcto, entonces la capa más antigua recuperable del dicho —presente ya, verosímilmente, en el propio Evangelio de Lucas anterior a la redacción que conocemos, y conservada por Marción cuando la tradición mayoritaria ya la había suavizado— no subordina la familia biológica a Dios: la subordina a Yeshú mismo, y hace de la obediencia a su persona, no a la Torah ni a la palabra del Eterno, el criterio último de pertenencia al pueblo verdadero. Eso no es una cristología elevada que la piedad pueda celebrar: leído con los propios términos de la Torah, es exactamente el movimiento que Devarim 13 anticipa en el mesit —desplazar el objeto último de la lealtad religiosa desde HaShem hacia otro, así sea disfrazado del lenguaje del propio pueblo del pacto—, y es, además, la afirmación implícita más cercana a la autodivinización que este proyecto ha documentado hasta ahora en boca del propio Yeshú, no de sus discípulos ni de sus polemistas posteriores.

Es significativo, además —y Epifanio mismo lo señala como motivo de escándalo, aunque desde su propia polémica antimarcionita—, que el testimonio marcionita omita por completo el v.19, la mención misma de que Yeshú tenía madre y hermanos que llegaron a buscarlo (Panarion 42.11.17, Elenco 12: Epifanio acusa a Marción de haber «falsificado» el pasaje precisamente para que el evangelista no dijera que Yeshú tenía madre). Sea cual sea el motivo doctrinal de Marción —su cristología docética, ajena por completo a mis intereses aquí—, el dato textual que me interesa no depende de esa omisión: depende de lo que el propio Sinaiticus, sin ninguna intervención marcionita, preserva sin ambigüedad —una madre que llega, que no puede acercarse por la multitud, y un hijo que, en lugar de salir a recibirla, la usa como ocasión pública para declarar que su verdadera familia es otra—.

Un tercer testigo, completamente ajeno tanto a la cadena de transmisión que produjo a Marción como a la que produjo el Sinaiticus, refuerza este cuadro de un modo que no esperaba encontrar tan nítido. El Nuevo Testamento hebreo de Cochín (Gaster Hebrew MS 1616, folio 126 copia de 1810 hecha por Thomas Yeates sobre el manuscrito de Cambridge Oo.1.32, traído de la sinagoga de los «Judíos Negros» de Travancore) transmite el pasaje así, en su forma diplomática, sin normalizar:


[19] באו אצלו אמו ואחיו ועמדו לחוץ ורצו לדבר אנו: [20] אמרו לו אחר איש הנה אמך ואחיך עומדים בחוץ ורוצה לדבר אמך: [21] הוא זה השיב למי שאמר לו מי היא אימי ומי הם אחי: [22] ושלח ידו אל תלמידיו ואמר אלו הם אמי ואלו אחי: [23] כל מי שעושה רצון אבי הוא אחי וחיותי ואימי:

«[19] Vinieron junto a él su madre y sus hermanos, y se quedaron afuera, y quisieron hablar con él¹. [20] Le dijo un hombre²: He aquí que tu madre y tus hermanos están de pie afuera, y quieren hablar contigo³. [21] Él respondió a quien se lo había dicho: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?⁴ [22] Y extendió su mano hacia sus discípulos, y dijo: Estos⁵ son mi madre, y estos son mis hermanos. [23] Todo el que hace la voluntad de mi padre, ese es mi hermano, y mi hermana⁶, y mi madre.⁷»

¹ אנו: forma anómala; se esperaría אתו o עמו ("con él"). Confusión gráfica alef/ayin, fenómeno recurrente en este testigo y ya advertido por el propio Gaster en su catálogo.

² אחר איש: lit. "otro hombre"; probable corrupción de אחד איש ("un hombre", "cierto hombre") por metátesis dálet/resh

³ אמך (segunda ocurrencia): repite "tu madre", pero el sentido exige עמך ("contigo"); nueva instancia de la confusión alef/ayin ya señalada. 

⁴ Este testigo omite por completo la cláusula relativa que en griego acompaña la pregunta —οἱ τὸν λόγον [τοῦ θεοῦ] ἀκούοντες καὶ ποιοῦντες—, limitándose a la pregunta desnuda. Véase la discusión textual más arriba sobre las tres formas griegas atestiguadas (τοὺς λόγους μου en Marción, τὸν λόγον en el Sinaiticus, τὸν λόγον τοῦ θεοῦ en la rama bizantina): el silencio de este testigo hebreo no permite decidir cuál presupone, pero tampoco confirma ninguna de las tres positivamente. 

אלו הם אמי: concordancia de número anómala —demostrativo plural אלו con sustantivo singular אמי—, vicio gramatical explícitamente reconocido por Gaster. 

וחיותי: forma no atestiguada en el léxico hebreo; se interpreta como corrupción de ואחותי ("y mi hermana") por confusión alef/het, lo que produce la fórmula tripartita de Marcos 3:35 (ἀδελφός καὶ ἀδελφὴ καὶ μήτηρ), ausente del griego lucano. 

⁷ Este versículo (numerado 23 en el testigo hebreo) no tiene correlato ni en el Sinaiticus ni en la reconstrucción marcionita, donde el pasaje concluye en el equivalente a Lucas 8:21. Corresponde, en cambio, al paralelo de Marcos 3:35 y Mateo 12:50 — segundo indicio, junto con v.22, de armonización sinóptica en la cadena de transmisión de este testigo.

Este testigo es notable por dos razones que apuntan en direcciones opuestas y que conviene distinguir con cuidado. La primera —la que me interesa retener— es que el v.21 conserva, de forma completamente independiente de Marción y de Epifanio, la misma estructura interrogativa y no declarativa: מִי הִיא אִמִּי וּמִי הֵם אַחַי, «¿quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?», exactamente el gesto retórico de repudio activo que el Sinaiticus y el testigo hebreo de Vat. Ebr. 100 suavizan en declaración. Que dos tradiciones de transmisión sin ningún contacto documentable entre sí —la occidental marcionita del siglo II y esta traducción hebrea india, copiada en 1810 sobre un original que sus propios catalogadores fechan mucho después— coincidan en preservar la forma interrogativa mientras la rama griega dominante y la rama hebrea de Vat. Ebr. 100 la suavizan, no puede descartarse sin más como coincidencia estilística de dos traductores sueltos.


La segunda razón exige la cautela contraria. El propio catálogo de la biblioteca Rylands, que se me ha compartido junto con el texto, cita la advertencia del propio Moses Gaster sobre este manuscrito: contiene «algunas confusiones importantes... adiciones y omisiones... e inexactitudes» que el copista mismo advirtió a sus lectores. Y en efecto, el v.22 ושלח ידו אל תלמידיו, «y extendió su mano hacia sus discípulos»— no tiene paralelo en el griego lucano, que no menciona ningún gesto de la mano en este punto; es, en cambio, precisamente la fórmula de Mateo 12:49, καὶ ἐκτείνας τὴν χεῖρα αὐτοῦ ἐπὶ τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ εἶπεν. Este testigo de «Lucas» no es, por tanto, una traducción limpia del texto lucano: es un texto armonizado, contaminado en al menos este punto con material mateano, tal como el propio catálogo advierte. Esto no invalida la lectura interrogativa de v.21 —no hay razón evidente para que un traductor armonizador introdujera una pregunta retórica que ni Mateo ni el Lucas estándar contienen—, pero exige presentarla como lo que es: un dato sugerente de una tradición oral o textual más dura circulando por fuera de la rama principal, no como prueba concluyente independiente del peso que ya le di al testimonio marcionita.

Devarim 5:16 y Shemot 20:12 sitúan el kibud av va-em —honrar al padre y a la madre— entre los Diez Mandamientos, en la primera tabla, junto a los deberes hacia Dios mismo, no en la segunda tabla entre los deberes interpersonales ordinarios; la tradición rabínica (cf. Kidushín 30b) explica esa colocación precisamente porque honrar a los padres participa de la honra debida a Dios. Shemot 21:15 y 21:17 fijan la pena capital para quien golpea o maldice a su padre o a su madre —la Torah no conoce un régimen de excepción para maestros, profetas o líderes religiosos que necesiten, por el peso de su misión, relativizar este mandamiento—. Ningún tzadik documentado en el Tanaj trata a su madre como Yeshú trata a la suya en este pasaje. Moshé Rabenu, con la nación entera sobre sus hombros, mantuvo el vínculo con Aharón, Miryam y Yitró; Shmuel HaNavi, consagrado al servicio del Mishkán desde niño, no dejó de tener relación con Jana, su madre, que lo visitaba cada año (Shmuel Alef 2:19). Que Yeshú convierta la llegada de su propia madre en el escenario para una declaración pública que la excluye —«¿quién es mi madre?»— no es un gesto de elevación espiritual: es, medido con la vara que la propia Torah fija para el kibud eim, una humillación pública precisamente del mandamiento que el propio texto, en su forma marcionita, se jacta de subordinar a la lealtad hacia la persona de Yeshú.

Lo que Raíces Hebreas no puede responder

Levine, con la cautela habitual de la crítica académica, ofrece una lectura conciliadora: el griego, dice, también puede leerse en el sentido de que la madre y los hermanos de Yeshú son presentados como «discípulos modelo» —es decir, que el propio texto los incluiría implícitamente entre «los que oyen la palabra y la hacen»—. Esta lectura, sin embargo, choca contra la puesta en escena espacial que el propio pasaje construye con cuidado: el texto no dice simplemente «hay quienes oyen y hacen la palabra»; dice que la madre y los hermanos están ἔξω, afuera, sin poder llegar διὰ τὸν ὄχλον, a causa de la multitud, mientras Yeshú, adentro, señala a los que están con él y los declara su familia verdadera. La oposición espacial —adentro/afuera— es la que carga el peso retórico del pasaje, y es precisamente esa oposición la que la forma marcionita, con su pregunta retórica excluyente, vuelve imposible de leer como inclusión conciliadora.

El apologista de Raíces Hebreas del Cristianismo suele apelar aquí al lenguaje bíblico de fraternidad del pacto —Vaicrá 19:17, o el uso de «hermano» para el compatriota israelita— para argumentar que Yeshú simplemente está extendiendo, en términos tanájicos legítimos, el círculo de pertenencia familiar. El paralelo no resiste el cotejo: el lenguaje de fraternidad del pacto en el Tanaj es siempre aditivo —extiende el trato fraternal hacia el prójimo israelita sin negarle a la propia madre su lugar—, nunca sustitutivo o excluyente de la familia biológica real que en ese mismo instante está de pie en la puerta pidiendo verlo. No hay un solo caso en el Tanaj de un profeta o tzadik que use la llegada de su propia madre como ocasión pública para negarla retóricamente. El precedente que la apologética necesita, sencillamente, no existe.

El mar que sólo a Uno obedece

La segunda escena traslada el mismo patrón del plano familiar al plano cósmico. Yeshú duerme en la barca; se levanta una tormenta; los discípulos lo despiertan gritando ἀπολλύμεθα, «perecemos»; y él, despierto, ἐπετίμησεν τῷ ἀνέμῳ καὶ τῷ κλύδωνι τοῦ ὕδατος —«reprendió al viento y al oleaje del agua»— y sobreviene la calma. El testigo hebreo de Vat. Ebr. 100 confirma el arranque de la escena sin variación significativa: 


וְנַעֲשָׂה בְּיוֹם אֶחָד עָלָה בִּסְפִינָה עִם תַּלְמִידָיו וַיֹּאמֶר לָהֶם נַעֲבוֹר לְמֵעֵבֶר לַיָּם וּבְעוֹדָם מַפְלִיגִים הָיָה ישאוש נִרְדָּם וְעָלָה בַּיָּם סְעָרָה גְּדוֹלָה מֵרוּחַ שֶׁהָאֳנִיָּה נִתְמַלְאָה מַיִם וְאוֹבְדִים, 

«y aconteció en uno de los días que subió a una barca con sus discípulos, y les dijo: pasemos al otro lado del lago; y mientras navegaban, Yeshúash se durmió, y descendió sobre el lago una tempestad de viento, de modo que la nave se llenaba de agua y peligraban». 

Los presentes, atemorizados, preguntan: τίς ἄρα οὗτός ἐστιν, ὅτι καὶ τοῖς ἀνέμοις ἐπιτάσσει καὶ τῷ ὕδατι, καὶ ὑπακούουσιν αὐτῷ —«¿quién es, pues, este, que aun a los vientos manda y al agua, y le obedecen?»—. Es imposible no reconocer, en esta pregunta, el eco exacto de la que ya cité en el capítulo de la pecadora: τίς οὗτός ἐστιν ὃς καὶ ἁμαρτίας ἀφίησιν (7:49), «¿quién es este que hasta los pecados perdona?». El patrón se repite con precisión: cada vez que Yeshú ejerce una prerrogativa que el Tanaj reserva a Dios, el propio texto documenta el desconcierto de los testigos mediante la misma fórmula interrogativa —no es un recurso retórico mío; es la estructura narrativa que el propio Lucas eligió preservar.

Levine señala, correctamente, que dominar la naturaleza remite al poder divino descrito en Tehilim 107:28-30. Pero conviene leer ese salmo hasta el final y no sólo evocarlo:

וַיִּצְעֲקוּ אֶל־ה' בַּצַּר לָהֶם... יָקֵם סְעָרָה לִדְמָמָה וַיֶּחֱשׁוּ גַּלֵּיהֶם 

—«y clamaron al Eterno en su angustia... Él convirtió la tormenta en calma, y las olas callaron»—. 

La estructura del salmo es la de una plegaria respondida: los marineros claman al Eterno, y es el Eterno quien actúa. Yeshú, en Lucas 8:24, no clama a nadie; no hay plegaria, no hay invocación, no hay fórmula profética de intermediación —a diferencia, por ejemplo, de Eliyahu en el Carmel (Melajim Alef 18:36-37), que invoca explícitamente al Eterno antes de que descienda el fuego—. Yeshú reprende al viento y al mar directamente, con autoridad propia, como quien ya la posee. El precedente del Tana”j más cercano a ese tipo de dominio no es la plegaria de Tehilim 107: es la propia voz del Eterno respondiendo a Iyov desde la tempestad, reclamando para sí, y sólo para sí, la autoría de los límites del mar:

 וָאֶשְׁבֹּר עָלָיו חֻקִּי וָאָשִׂים בְּרִיחַ וּדְלָתָיִם וָאֹמַר עַד־פֹּה תָבוֹא וְלֹא תֹסִיף

 —«y quebré sobre él mi límite, y puse cerrojo y puertas, y dije: hasta aquí llegarás y no más» (Iyov 38:10-11)—. 

Ese es el registro al que el gesto de Yeshú pertenece por su propia estructura de autoridad —mandato directo y personal sobre el mar—, no el registro más modesto de la plegaria marinera de Tehilim 107 que Levine invoca como si bastara para domesticar la escena.

El testimonio de Roth sobre la reconstrucción marcionita añade un dato menor pero filológicamente honesto que conviene señalar sin forzarlo a mi favor: tanto Tertuliano (Adv. Marc. 4.20.3) como Epifanio citan τῇ θαλάσσῃ («el mar») en lugar del τῷ κλύδωνι τοῦ ὕδατος («el oleaje del agua») que preserva el Sinaiticus, coincidiendo así con la fórmula de Marcos 4:39 y Mateo 8:26. Roth mismo advierte, con el rigor que corresponde, que esto puede deberse a que tanto Tertuliano como Epifanio estaban armonizando de memoria con los paralelos sinópticos —o, en el caso de Tertuliano, contaminados además por su propia cita de Najum 1:4, donde también «el mar» es reprendido—, y no necesariamente a que el propio texto de Marción leyera así. No fuerzo, por tanto, esta variante como prueba adicional; la anoto como el tipo de dato que la crítica textual exige mencionar con toda su incertidumbre, ni más ni menos.

El mismo testigo de Cochín que acabo de presentar para la escena familiar continúa, sin solución de continuidad, hacia la tormenta, en su misma forma diplomática, sin normalizar:

[24] וכשכנס ישו בספינה נכנסו עמו תלמידיו: [25] והנה רוח סערח בים עד שהספינה היתה לטבוע מן גלי ימה וישו היה ישן: [25ב] וקרבו תלמידו והעירו אותו ואמרו אדונינו הנה אנחנו נאבדים: [25ג] אמר להם ישו למה אתם מפחדים קתני אמנה אז קם וגער ברוח ובים ושקט מזעפו: [25ד] אנשים אאלו תמהו ואמרו מי הוא זה אשר הרוח והים שומעים איליו:

«[24] Y cuando ישו (Yeshú)⁸ entró en la barca, entraron con él sus discípulos. [25] Y he aquí que un viento de tempestad se levantó en el mar, hasta que la barca estuvo a punto de hundirse a causa de las olas del mar, y Yeshú estaba dormido. [25b] Y se acercaron sus discípulos y lo despertaron, y dijeron: Señor nuestro, he aquí que perecemos. [25c] Les dijo Yeshú: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe⁹? Entonces se levantó y reprendió al viento y al mar, y se calmó de su furia. [25d] Y estos¹⁰ hombres se asombraron y dijeron: ¿Quién es este, a quien el viento y el mar obedecen¹¹?»

ישו: forma característica de la literatura rabínica y contramisionera, leída tradicionalmente como acróstico de ימח שמו וזכרו ("bórrense su nombre y su memoria"). 

קתני אמנה y אדונינו: véase la discusión que sigue a la cita, sobre su correspondencia con ὀλιγόπιστοι y κύριε de Mateo 8:25-26, frente a ποῦ ἡ πίστις ὑμῶν y ἐπιστάτα ἐπιστάτα del Lucas griego. 

¹⁰ אאלו: error evidente por האלה/האלו ("estos"). 

¹¹ איליו: grafía plena de אליו ("a él").

קטני אמונה (lectura subyacente propuesta para קתני אמנה, tal como transcrito), «hombres/gente de poca fe», no traduce nada presente en el Lucas griego de esta escena, donde Yeshú simplemente pregunta ποῦ ἐστιν ἡ πίστις ὑμῶν, «¿dónde está vuestra fe?» —una pregunta, no un reproche directo con vocativo—. קטני אמונה es, en cambio, traducción exacta del ὀλιγόπιστοι de Mateo 8:26, «hombres de poca fe», vocativo de reproche ausente en Lucas. De igual modo, אדונינו, «Señor nuestro», con el que los discípulos despiertan a Yeshú, se acerca más al κύριε de Mateo 8:25 que al ἐπιστάτα ἐπιστάτα («Maestro, maestro») que repite el Lucas griego. El testigo de Cochín, en esta escena como en la anterior, no es un Lucas puro: es un texto que ya ha absorbido, en algún punto de su cadena de transmisión o de traducción, fraseología mateana. Eso no le resta valor al dato que sí me interesa —la pregunta final, מי הוא זה אשר הרוח והים שומעים איליו, «¿quién es este, a quien el viento y el mar obedecen?», reproduce con exactitud la misma estructura de asombro que el griego preserva—, pero confirma que este manuscrito debe citarse siempre con la salvedad de su propio catálogo: es un testigo armonizado, útil como eco de una tradición sinóptica compuesta, no como colación independiente y limpia del texto lucano específico.

Yonah dormido: el eco que no favorece a la apologética

Levine anota, sin desarrollarlo, el paralelo entre Yeshú dormido durante la tormenta y Yonah dormido en la bodega del barco (Yonah 1:5) mientras el mar se embravece a su alrededor. El paralelo es real, pero no es evidente que favorezca la lectura que la apologética querría extraer de él. Yonah duerme porque huye de la misión que el Eterno le encomendó; la tormenta es el instrumento mediante el cual el Eterno lo persigue; y son los marineros —no Yonah— quienes deben actuar para que el barco sobreviva, arrojándolo finalmente al mar. Si Lucas invoca deliberadamente esa escena —y la coincidencia de «dormir durante la tormenta en una embarcación» es demasiado específica para ser casual—, el eco funciona en ambas direcciones a la vez: puede leerse como Yeshú ejerciendo un dominio que Yonah no tenía, pero puede leerse con la misma legitimidad como Yeshú ocupando, estructuralmente, el lugar del profeta cuya sola presencia pone en peligro a quienes lo acompañan, hasta que la crisis se resuelve. El propio Lucas no controla, con la elección de esta imagen, cuál de las dos lecturas prevalecerá en la mente de un oyente familiarizado con Yonah; y una tradición polémica no tiene obligación alguna de conceder por adelantado la lectura más favorable cuando el propio texto deja la puerta abierta a la menos favorable.

Síntesis

Lucas 8:19-25 repite, en apenas seis versículos, la misma estructura de fondo que ya he documentado en el resto de este capítulo: algo que la Torah protege con particular firmeza —el honor debido a los padres, la autoridad exclusiva del Eterno sobre los límites del mar— es absorbido por la persona de Yeshú, y el propio texto, en su capa más antigua recuperable a través del testimonio marcionita, no atenúa el gesto sino que lo agudiza: no «la palabra de Dios» —ni siquiera «la palabra» a secas, como transmite todavía el Sinaiticus— sino «mis palabras»; no una plegaria al Eterno sino un mandato personal al viento y al agua. La pregunta que los propios testigos formulan —τίς ἄρα οὗτός ἐστιν— es, una vez más, la pregunta correcta, y una vez más la Torah y el Tanaj ya proporcionan, antes de que se formule, tanto el mandamiento que este pasaje pasa por alto como la voz —la del Eterno respondiendo a Iyov desde la tempestad— a la que este pasaje, sin decirlo, aspira a sustituir.


7/28/2026

The Record of the Nephites: Una edición restauracionista del Libro de Mormón que cuestiona su inspiración

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The Record of the Nephites: Una edición restauracionista del Libro de Mormón que cuestiona su inspiración

Por Neshamot Deot

El movimiento de los Santos de los Últimos Días ha generado, desde sus primeras décadas, una pluralidad de corrientes que han reinterpretado tanto su estructura eclesiástica como sus textos fundacionales. Uno de los ejemplos más documentados de esta diversidad y particularidad religiosa queda evidenciada textualmente en la edición llamada The Record of the Nephites (El Registro de los Nefitas), publicado en 1957 bajo el subtítulo The Restored Palmyra Edition por la Church of Christ with the Elijah Message[1]. Esta edición no constituye un mero ejercicio de corrección tipográfica, sino una propuesta teológica deliberada que busca recuperar lo que sus editores consideran la forma prístina del texto del Libro de Mormón, preservando diferencias doctrinales, estructurales y narrativas que la han separado de la versión oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD).

En este breve artículo se examinan las características doctrinales de este particular volumen, su relación con la edición de 1830 y su contraste con el texto canónico, a partir de la evidencia proporcionada, con el fin de presentar una variante textual menos conocida que desmiente por completo la idea Mormona de que su libro principal, por el cual son denominados y conocidos mundialmente, es el más correcto de todos, tal como se afirma que el mismo Joseph Smith llegaría a declarar: «Les dije a los hermanos», afirmó, «que el Libro de Mormón era el libro más correcto de la tierra, la piedra angular de nuestra religión, y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que con cualquier otro libro»[2].

Contexto histórico y eclesial

En el ámbito cultural mormón, que es mucho y más amplio de lo que se cree debido al filtro propagandístico de la Iglesia mayoritaria SUD, la frase «Registro de los Nefitas» (Record of the Nephites) tiene dos acepciones distintas pero relacionados. En principio se emplea es para describir la supuesta colección de planchas de metal inscritas en las que los ficticios nefitas registraron su historia. El Libro de Mormón actual se presumen, en sus creencias, como una versión abreviada de este registro, inscrito en planchas de oro. La segunda forma en que se emplea esta frase de «El Registro de los Nefitas», es para aludir al título del manuscrito que la rama whitmerita[3] del movimiento del inicial mormonismo usó como título para su versión del Libro de Mormón. Es, en este segundo sentido, al que aludiremos y trataremos el término.

La denominación que respalda la edición que aquí se examina surgió en 1943 como una ramificación de la Church of Christ (Fettingite)[4], a su vez escindida en 1929 de la Church of Christ (Temple Lot)[5]. Fundada por William A. Draves, esta iglesia limita su canon a la Biblia y a este "registro nefita", complementándolo con 131 "Mensajes" atribuidos a Juan el Bautista. Rechaza Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio, y se organiza mediante un Quórum de Doce Apóstoles sin un presidente-profeta único. Su proyecto central gira en torno al "Temple Lot" de Independence, Missouri, y su teología se inscribe en el cristianismo restauracionista del siglo XIX, que enfatiza la revelación angelical continua y la autoridad descentralizada. Esta cosmovisión se refleja directamente en la edición textual que promueven y que, por supuesto, difiere con la doctrina hegemónica SUD.

Diferencias doctrinales y narrativas

La divergencia más notable respecto a la versión oficial radica en la identidad del mensajero celestial. Mientras la narrativa SUD estandarizada identifica a Moroni como el ángel que entregó las planchas en septiembre de 1823, esta edición afirma textualmente: "He called me by name, and said unto me he was a messenger sent from the presence of God to me, and that his name was Nephi." (p. 1)[6]

Esta variación no es anecdótica. Refleja tradiciones históricas tempranas de José Smith que posteriormente fueron unificadas bajo el nombre de Moroni en ediciones oficiales. Desde la perspectiva de esta iglesia, el nombre "Nefi" conserva la coherencia interna del registro nefita y evita la confluencia posterior de figuras angelicales distintas y que variaron en las distintas versiones que Joseph Smith dio a lo largo de varios años.

Otra diferencia doctrinal se encuentra en la descripción del proceso de traducción. El prefacio de la edición cita a David Whitmer[7] para enfatizar un mecanismo revelatorio literal: "This record was not translated in the sense that men translate languages... One character at a time would appear, and under it was the interpretation in English." (p. 1)[8] Esta formulación contrasta con la concepción SUD posterior de "traducción inspirada" y subraya un modelo de dictado celestial carácter por carácter, alineado con una hermenéutica más mecanicista y menos mediada por la capacidad intelectual del traductor.

Para la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD), Joseph Smith tradujo el Libro de Mormón "por el don y el poder de Dios" valiéndose de instrumentos físicos de revelación, principalmente los "intérpretes" (conocidos como el Urim y Tumim) hallados junto con las planchas, y una "piedra vidente" que había obtenido años antes. El proceso consistía habitualmente en que Smith colocaba la piedra o los intérpretes dentro de un sombrero, ocultando su rostro para bloquear la luz exterior, y dictaba en voz alta las palabras en inglés que le aparecían sobrenaturalmente en el instrumento. Sus escribientes, como Emma Smith, Martin Harris y Oliver Cowdery, transcribían el texto dictado; Harris relató que, tras escribir cada frase y confirmarlo en voz alta, aparecía la siguiente, mientras que Emma atestiguó que José no usaba ningún manuscrito o libro de consulta y podía retomar la traducción exactamente en el mismo punto tras cualquier interrupción, sin volver a leer lo anterior. La mayor parte de esta obra se completó en un breve periodo de tres meses en 1829, y el manuscrito original se produjo sin signos de puntuación, los cuales fueron añadidos posteriormente por el tipógrafo durante la preparación para la imprenta[9].

Continuando con la edición aquí estudiada, en el plano estructural, ésta omite los capítulos completos de Isaías, sustituyéndolos por referencias cruzadas como "(SEE ISAIAH 48)" o "(SEE ISAIAH 53)". Esta práctica no responde a un descuido editorial, sino a una etapa temprana de compilación textual en la que los pasajes proféticos se citaban de manera referencial. Asimismo, conserva divisiones capitulares y versiculares que no coinciden con la numeración moderna de la Iglesia SUD, preservando una organización más cercana a los manuscritos originales y a la primera impresión.

Cercanía deliberada a la edición de 1830

El subtítulo The Restored Palmyra Edition funciona como una declaración de principios. La edición conserva conscientemente arcaísmos, errores de imprenta y convenciones ortográficas de 1830, como "Joseph Sniith Jr.", "f ulness", "imrnediately", "peop le" o "wif e". Estos "defectos" no se corrigen porque la iglesia los considera evidencia de fidelidad al original, no errores a subsanar. El prefacio mantiene la redacción de 1830 sobre la pérdida de las 116 páginas[10] y la instrucción divina de: "translate from the plates of Nephi, until ye come to that which ye have translated, which ye have retained; and ye shall publish it as the Record of Nephi." (p. 1)[11]

Las ediciones SUD posteriores modificaron o contextualizaron este pasaje para armonizarlo con desarrollos teológicos y narrativos institucionales. The Record of the Nephites, en cambio, rechaza explícitamente esa evolución textual, postulando que las correcciones gramaticales, cristológicas y trinitarias aplicadas en 1837, 1840, 1920 y 1981 diluyeron el texto prístino. La proximidad a 1830 no es un accidente histórico, sino una opción teológica: restaurar no significa actualizar, sino revertir para alcanzar un punto inicial que se considera doctrinalmente prístino.

Comparación con la versión oficial

Doctrinalmente, ambas ediciones comparten el núcleo del mensaje mormón temprano: la centralidad de Jesucristo, la necesidad del arrepentimiento, el bautismo por autoridad, la reunión de Israel y la restauración y la proclamación del evangelio en los últimos días. Sin embargo, la versión paramormona evita desarrollos doctrinales SUD posteriores, como la teología del matrimonio eterno, la exaltación, la organización jerárquica moderna o la sistematización trinitaria. Su eclesiología se alinea con el restauracionismo del siglo XIX: énfasis en la revelación continua a través de mensajeros celestiales, rechazo a la centralización profética y una lectura más literal del texto sin el filtro de interpretaciones institucionales posteriores.

Mientras la Iglesia SUD considera su edición actual como el texto "corregido y perfeccionado" mediante revelación continua y revisión lingüística, esta iglesia sostiene que la "perfección" se logra al conservar el texto tal como fue impreso en Palmyra, entendiendo que las alteraciones humanas, por bienintencionadas que sean, introducen desviaciones doctrinales. La diferencia no es solo textual, sino epistemológica: ¿la revelación se actualiza mediante correcciones institucionales, o se preserva mediante fidelidad al testimonio original?

Conclusión

The Record of the Nephites no es una simple variante editorial, sino un artefacto teológico que materializa una cosmovisión restauracionista alternativa. Al conservar la estructura, ortografía y redacción de 1830, y al mantener diferencias narrativas como la identidad de Nefi como ángel revelador, esta edición desafía la narrativa de desarrollo lineal del texto mormón. Para los estudiosos, representa un testimonio valioso de cómo los movimientos escindidos reinterpretan la autoridad textual y la naturaleza de la revelación. Para los creyentes de esta tradición, es un recordatorio de que la "restauración" no es un evento concluido, sino un proceso continuo de retorno a lo original; pero para una mirada crítica es la evidencia de como este texto sagrado e inalterado en realidad fue desde el principio altamente alterado por conveniencias doctrinales. En última instancia, esta versión no solo preserva un texto antiguo, sino una tradición viva que cuestiona, desde dentro del mormonismo, qué significa realmente "restaurar" la palabra de Dios y quién tiene la autoridad para decidir cómo debe sonar.

Desde la perspectiva de la historia del texto, este caso ilustra un fenómeno relevante: el Libro de Mormón ya posee una tradición textual. Aunque suele asumirse que existe un único texto fijo, en realidad hay una genealogía de versiones (1830, 1837, 1840, 1879, 1899, etc.), con cambios editoriales, revisiones, distintos sistemas de versificación y comunidades que reivindican haber preservado la forma más auténtica.

Y este último es un campo de estudio muy interesante y poco estudiado. Tras la muerte de Joseph Smith surgieron numerosas denominaciones que disputan cuál conserva con mayor fidelidad la restauración original del mormonismo. Aunque existen entre 70 y 100 grupos derivados del movimiento, alrededor de 25 a 40 siguen considerando el Libro de Mormón como escritura canónica y cerca de 10 a 15 afirman preservar de manera más auténtica su forma original que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD). Entre los principales se encuentran la Comunidad de Cristo (RLDS), la Church of Christ (Temple Lot), la Church of Jesus Christ (Bickertonite), las Restoration Branches, la Church of Christ with the Elijah Message y diversos grupos fundamentalistas como la FLDS y la Apostolic United Brethren. No obstante, sus diferencias no se centran únicamente en el texto del Libro de Mormón, sino también en la sucesión de autoridad, las revelaciones posteriores a Joseph Smith y la conservación de doctrinas consideradas esenciales por cada tradición[12].

En ese sentido, todo este volumen, da cuenta cómo una comunidad religiosa minoritaria (la heredera de David Whitmer) utilizó la edición de un texto como un medio para afirmar su identidad y su legitimidad frente a otras ramas del movimiento de los Santos de los Últimos Días. Ese tipo de apropiación editorial es un fenómeno bien conocido en la historia de las religiones y convierte a esta edición de 1987 en un testimonio de la diversidad interna del mormonismo restauracionista.


  1. No se puede confundir con The Nephite Records: Bible of the Americas (1987). Aunque The Nephite Records: Bible of the Americas (1987) y The Record of the Nephites: The Restored Palmyra Edition (1957) comparten el propósito de reivindicar una tradición textual distinta de la edición oficial de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, difieren fundamentalmente en su proyecto editorial. La edición de 1987 es, esencialmente, una reimpresión facsimilar de The Nephite Records publicada por los seguidores de David Whitmer en 1899, por lo que preserva tanto su organización como las características textuales y editoriales de esa edición histórica. En cambio, The Restored Palmyra Edition de 1957, publicada por la Church of Christ with the Elijah Message, constituye un intento de restauración textual, orientado a reconstruir la forma más cercana posible al Libro de Mormón impreso en Palmyra en 1830, eliminando modificaciones introducidas en ediciones posteriores. En otras palabras, mientras la primera busca preservar una tradición editorial histórica, la segunda pretende recuperar el texto considerado original, respondiendo a un criterio de restauración filológica más que de reproducción bibliográfica.
  2. Smith, Historia de la Iglesia, 4:461; véase también José Smith, Enseñanzas del profeta José Smith, comp. José Fielding Smith (Salt Lake City: Deseret Book, 1976), 194. 
  3. La Iglesia de Cristo (Whitmerita) fue una rama extinta del movimiento de los Santos de los Últimos Días, fundada por David Whitmer, uno de los Tres Testigos del Libro de Mormón, tras su excomunión de la iglesia SUD principal. Organizada inicialmente en 1847 bajo el impulso de William E. McLellin, quien sostenía que Joseph Smith había designado a Whitmer como su sucesor, y reorganizada por el propio Whitmer en la década de 1870, esta denominación llegó a publicar sus propios periódicos (como The Ensign of Liberty y The Return) y ediciones alternativas de las escrituras mormonas. Tras la muerte de Whitmer en 1888, la iglesia continuó operando, pero su membresía disminuyó gradualmente hasta que la mayoría de los miembros restantes se unieron a la Iglesia de Cristo (Lugar del Templo) hacia 1925, desapareciendo la organización de forma definitiva con la muerte de su último miembro conocida en 1961. Fuente: Wikipedia, "Church of Christ (Whitmerite)", https://en.wikipedia.org/wiki/Church_of_Christ_(Whitmerite), consultado: 18/07/2026. 
  4. La Iglesia de Cristo (Fettingita), conocida informalmente como los "fettingitas", es una denominación del movimiento de los Santos de los Últimos Días que se separó de la Iglesia de Cristo (Lugar del Templo) a finales de 1929. Fundada por Otto Fetting, un apóstol de la iglesia original, la escisión se produjo cuando la mayoría de sus colegas rechazaron su "Duodécimo Mensaje", una supuesta revelación de Juan el Bautista que exigía el rebautismo universal de los miembros, le otorgaba a Fetting las mismas llaves del sacerdocio que a José Smith e instruía la construcción de un templo en el "Lugar del Templo" en Independence, Missouri. Tras la muerte de Fetting en 1933, el movimiento se fragmentó en varias facciones (como la Iglesia de Cristo con el Mensaje de Elías y la Iglesia de Cristo Restaurada), algunas de las cuales adoptaron la observancia del sábado como día de reposo. Doctrinalmente, este grupo rechazaba la oficina de Presidente de la Iglesia (siendo gobernado por un Quórum de los Doce Apóstoles en igualdad de condiciones) y no aceptaba Doctrina y Convenios ni la Perla de Gran Precio, limitando sus escrituras canónicas a la Biblia King James y el Libro de Mormón. Fuente: Wikipedia, "Church of Christ (Fettingite)", https://en.wikipedia.org/wiki/Church_of_Christ_(Fettingite), consultado: 18/07/2026. 
  5. La Iglesia de Cristo (Lote del Templo), conocida informalmente como los "hedrickitas", es una denominación del movimiento de los Santos de los Últimos Días con sede en Independence, Missouri, famosa por ser la propietaria histórica del terreno conocido como el "Lote del Templo". Surgió en 1863 cuando varias ramas del movimiento que habían permanecido sin afiliación tras la muerte de José Smith y la subsiguiente crisis de sucesión se unieron bajo el liderazgo de Granville Hedrick y John E. Page. Esta iglesia se considera la única continuación legítima de la Iglesia de Cristo original fundada por Smith en 1830. Doctrinalmente, se distingue por rechazar el cargo de Presidente o Profeta de la Iglesia, siendo gobernada en su lugar por un Quórum de los Doce Apóstoles con autoridad igualitaria. Asimismo, limita sus escrituras canónicas exclusivamente a la Biblia King James y al Libro de Mormón, rechazando Doctrina y Convenios, la Perla de Gran Precio y prácticas como el bautismo por los muertos, el matrimonio plural y el matrimonio celestial. Fuente: Wikipedia, "Church of Christ (Temple Lot)", https://en.wikipedia.org/wiki/Church_of_Christ_(Temple_Lot), consultado: 18/07/2026. 
  6. Traducción: "Me llamó por mi nombre y me dijo que era un mensajero enviado de la presencia de Dios a mí, y que su nombre era Nefi." (p. 1). 
  7. La figura de David Whitmer (1805–1888) es especialmente relevante por haber sido uno de los Tres Testigos del Libro de Mormón, junto con Oliver Cowdery y Martin Harris. Según su testimonio, un ángel le mostró las planchas de oro y oyó la voz de Dios confirmando la autenticidad de la traducción de Joseph Smith, testimonio que jamás retractó, incluso después de ser excomulgado en 1838 tras un conflicto con el liderazgo de la Iglesia. Convencido de que el movimiento se había apartado de la restauración original, Whitmer dedicó el resto de su vida a defender lo que consideraba la fe primitiva de Joseph Smith y la integridad del Libro de Mormón. Por ello, la edición vinculada a su tradición posee un valor histórico singular, al representar el esfuerzo de uno de los testigos fundacionales por preservar el texto y las enseñanzas originales. Esta postura quedó plasmada en su obra An Address to All Believers in Christ (1887), donde reafirmó la autenticidad del Libro de Mormón mientras criticaba las doctrinas y prácticas desarrolladas posteriormente por las distintas ramas del movimiento mormón. 
  8. "Este registro no fue traducido en el sentido en que los hombres traducen idiomas... Aparecía un carácter a la vez, y debajo de él estaba la interpretación en inglés." (p. 1) 
  9. Fuente: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, "Traducción del Libro de Mormón", Ensayos sobre temas del Evangelio, https://www.churchofjesuschrist.org/study/manual/gospel-topics-essays/book-of-mormon-translation?lang=spa, consultado: 18/07/2026. 
  10. Las "116 páginas perdidas" fueron el manuscrito original de lo que Joseph Smith afirmó era la traducción del Libro de Lehi, la primera porción de las planchas de oro. Durante el verano de 1828, el escriba de Smith, Martin Harris, obtuvo permiso para llevarse el manuscrito a su casa con la estricta condición de mostrárselo solo a cinco familiares específicos; sin embargo, Harris lo mostró a otras personas y el documento desapareció, presumiblemente destruido. Como consecuencia, Smith recibió una revelación indicando que había perdido temporalmente su capacidad de traducir y se le ordenó no volver a traducir el material perdido, ya que sus críticos podrían alterar el manuscrito original para acusarlo de inconsistencia o fraude. En su lugar, Smith fue instruido divinamente para reemplazar esa sección con un relato abreviado de los mismos eventos tomado de las "Planchas Menores de Nefi", las cuales constituyen hoy el comienzo del Libro de Mormón (desde 1 Nefi hasta Omni). Fuente: Wikipedia, "Lost 116 pages", https://en.wikipedia.org/wiki/Lost_116_pages, consultado: 18/07/2026. 
  11. Traducción: "traducirás de las planchas de Nefi, hasta que llegues a aquello que has traducido, lo cual has retenido; y lo publicarás como el registro de Nefi." (p. 1) 
  12. Si bien la existencia de múltiples versiones del Libro de Mormón podría evocar superficialmente el fenómeno de la diversidad textual del Tanaj (con sus tradiciones masorética, samaritana, de Qumrán y la Septuaginta), existen diferencias abismales que impiden equiparar ambos casos. A diferencia de la Biblia hebrea, cuyas variantes se desarrollaron a lo largo de más de un milenio mediante copias manuscritas separadas por siglos y geografías distantes, las divergencias en el Libro de Mormón ocurrieron en un lapso de apenas unas décadas (de 1830 a 1981). Además, mientras que en el Tanaj los eruditos dependen de la crítica textual para reconstruir un arquetipo perdido a partir de manuscritos fragmentarios y copias de copias, en el caso mormón los manuscritos originales, el manuscrito del impresor y las primeras ediciones están plenamente preservados y documentados. Por último, la naturaleza de las variantes es radicalmente distinta: las del Libro de Mormón no son el resultado acumulativo de errores de copista anónimos o de la evolución orgánica de tradiciones textuales independientes, sino de revisiones editoriales intencionales, centralizadas y a menudo doctrinales (como las de 1837 o 1840) impulsadas por el propio fundador o por comités institucionales. Por lo tanto, la disputa no gira en torno a cómo reconstruir filológicamente un texto perdido en la antigüedad, sino sobre qué momento específico de su historia editorial moderna debe ser canonizado ideológicamente como la verdadera "restauración".