El árabe utiliza la palabra ‘masḥūran-مَسْحُورًا' cuyo equivalente al hebreo es 'משגע-m’shagéa' (enloquecedor) y no 'קסום' (kosem), pues el ‘kosem’ es aquel que se dedica a la adivinación a través de trances, mientras que el m’shagéa’, desquicia por medio de sus actos, pues él mismo se inventa textos coránicos (Sura* 16: 101-103; 21: 5-9; 42:24; 46:8) ante lo cual declara que ‘obedecerle es obedecer a Di-s’ (Sura* 4:80) así como él se considera un intercesor entre Di-s y los hombres (Sura* 9:103) y llega a tal su megalomanía que afirma que Avraham Avinu rogó a Di-s para que lo enviase a los árabes (Sura* 2:129), se dice anunciado en la Torah y en el Evangelio (Sura* 7:157), además afirmo ser enviado a los pueblos que no fueron advertidos (Sura* 36: 3-6) y sobretodo que también fue enviado a la gente de la Escritura¸ a los judíos (Sura* 5:15,19) quienes consideraron que ante tales acciones correspondían a las de un poseído tal como se lee en la Sura Al-Kalam, 68:51:
وَإِنْ يَكَادُ الَّذِينَ كَفَرُوا لَيُزْلِقُونَكَ بِأَبْصَارِهِمْ لَمَّا سَمِعُوا الذِّكْرَ وَيَقُولُونَ إِنَّهُ لَمَجْنُونٌ
“Poco les falta a los infieles, cuando oyen la amonestación [del Corán], para clavar en ti su mirada [del mal del ojo]. Y dicen: ¡Si, es un poseído!
Que sea el propio Corán el que registre estas acusaciones (masḥūr, «hechizado»; majnūn, «poseído»; forjador de textos) planteó muy pronto una pregunta a sus lectores: ¿de dónde tomaba Muhammad su material? La Sura 16:103 recoge la objeción de sus contemporáneos:
وَلَقَدْ نَعْلَمُ أَنَّهُمْ يَقُولُونَ إِنَّمَا يُعَلِّمُهُ بَشَرٌ ۗ لِّسَانُ الَّذِي يُلْحِدُونَ إِلَيْهِ أَعْجَمِيٌّ وَهَٰذَا لِسَانٌ عَرَبِيٌّ مُّبِينٌ
(“Sabemos bien que dicen: “Solo un mortal [bašar] se lo enseña”. Pero la lengua de aquel a quien aluden es extranjera [aʿjamī], y esta es una lengua árabe clara [ʿarabī mubīn].”)
-Corán, Al-Naḥl 16:103. Traducción propia.
La tradición cristiana de lengua griega respondió señalando a un maestro heterodoxo. Juan Damasceno (m. ca. 749) sostiene en su De haeresibus 100 que Muhammad, tras conocer el Tana”j (Biblia hebrea) y el Nuevo Testamento y tratar con «un monje arriano» (ἀρειανῷ μοναχῷ, areianô monajô), fabricó su propia herejía; el autor no da nombre al monje, pues el de Bahira es posterior.
-Juan Damasceno, De haeresibus 100, ed. Bonifatius Kotter, Die Schriften des Johannes von Damaskos IV, Patristische Texte und Studien 22 (Berlín: Walter de Gruyter, 1981).
Ese reflejo, explicar a Muhammad por un cristianismo deficiente, tomó en la erudición protestante de los siglos XIX y XX la forma de una tesis de conjunto, que Gabriel Said Reynolds reseña en Christianity and the Qur’an: The Rise of Islam in Christian Arabia (New Haven: Yale University Press, 2025, pp. 5–22). Para Richard Bell, ministro de la Iglesia de Escocia, el triunfo del Islam en el siglo VII podía verse como el juicio de la historia sobre un cristianismo «degenerado» (así abre sus conferencias de Edimburgo de 1925, The Origin of Islam in Its Christian Environment). Para el misionero Robert Speer, en la conferencia de Lucknow de 1911, a Muhammad solo le había llegado una caricatura del Evangelio: un cristianismo rebajado, semipoliteísta y cargado de leyendas pueriles. De ahí la caza de herejes que Reynolds describe: «adoradores de María» (los coliridianos de Epifanio) tras Q 5:116, donde se imagina una Trinidad de Padre, Madre e Hijo; un gnosticismo docetista tras la negación coránica de la crucifixión (Q 4:157-159); los elkasaítas, que Bell consideraba una pista posible; y, en general, el judeocristianismo, que Adolf von Harnack resumió al definir el Islam como una transformación del judeocristianismo gnóstico en suelo árabe, obrada por un gran profeta (Lehrbuch der Dogmengeschichte, II, 537).
Este último punto toca de cerca a quien busque en el Islam un derivado de un cristianismo judío «nazareno». Reynolds recuerda que la teoría tuvo críticos desde temprano y hoy goza de escaso favor, y cita la objeción de Sidney Griffith: no existe prueba documental indiscutible de un grupo judeocristiano notable en la Arabia de ese período, y quienes lo postularon lo hicieron extrapolando desde su lectura teológica de ciertos pasajes del Corán (The Bible in Arabic, Princeton: Princeton University Press, 2013, 13).
Reynolds rechaza el método mismo. El autor coránico, sostiene, no copia lo que lo rodea: lo reelabora con iniciativa y creatividad, y con frecuencia caricaturiza las ideas de sus adversarios. Su ejemplo es Q 9:31:
ٱتَّخَذُوا أَحْبَارَهُمْ وَرُهْبَانَهُمْ أَرْبَابًا مِّن دُونِ ٱللَّهِ
(“Tomaron por señores [arbāban], fuera de Dios, a sus rabinos [aḥbārahum] y a sus monjes [ruhbānahum].”)
-Corán, Al-Tawba 9:31. Traducción propia.
El plural aḥbār remite a ḥabr, préstamo del hebreo חָבֵר (javer, «compañero, erudito»). Aplicar a este versículo el método de los cazadores de herejías obligaría a buscar una secta de «adoradores del clero», reductio ad absurdum que el propio Reynolds propone. Lo natural es leer allí la convicción del autor coránico de que los clérigos judíos y cristianos detentan una autoridad excesiva, quizá la que impedía a sus fieles reconocer a un profeta nuevo. Conviene tenerlo presente al leer lo que el Corán dice de los judíos que se negaron a seguirlo.
Cuando se hizo evidente que los judíos de Medía y posteriormente los de otras tribus de la península de Arabia se rehusaban la nueva religión, los musulmanes bajo la directriz de Muhammad hicieron saber su determinación de imponer su rol de profeta en tribu judía de los Banu-Qurayza, en la que según Muhammad aplicó la ley judía contenida en Devarim / Deut 20: 10-14 en la que se lee:
י כִּי-תִקְרַב אֶל-עִיר לְהִלָּחֵם עָלֶיהָ וְקָרָאתָ אֵלֶיהָ לְשָׁלוֹם. יא וְהָיָה אִם-שָׁלוֹם תַּעַנְךָ וּפָתְחָה לָךְ וְהָיָה כָּל-הָעָם הַנִּמְצָא-בָהּ יִהְיוּ לְךָ לָמַס וַעֲבָדוּךָ. יב וְאִם-לֹא תַשְׁלִים עִמָּךְ וְעָשְׂתָה עִמְּךָ מִלְחָמָה וְצַרְתָּ עָלֶיהָ. יג וּנְתָנָהּ יי אֱלֹקיךָ בְּיָדֶךָ וְהִכִּיתָ אֶת-כָּל-זְכוּרָהּ לְפִי-חָרֶב. יד רַק הַנָּשִׁים וְהַטַּף וְהַבְּהֵמָה וְכֹל אֲשֶׁר יִהְיֶה בָעִיר כָּל-שְׁלָלָהּ תָּבֹז לָךְ וְאָכַלְתָּ אֶת-שְׁלַל אֹיְבֶיךָ אֲשֶׁר נָתַן יי אֱלֹקיךָ לָךְ.
(“Cuando te acerques a una ciudad para conquistarla (primeramente) le ofrecerás la paz. Si te responde aceptando la paz y abriéndote sus portales, toda la gente que allí se hallare será tributaria de ti y te servirá. Pero si no aceptarán la paz combatirán contra ellos y sitiarás la ciudad. Y cuando el Eterno tu Dios la haya entregado en tus manos herirás a todo varón a filo de espada, pero tomarás para ti a las mujeres, a los niños y al ganado que hubiere en la ciudad, y también te apoderarás de los despojos, y comerás el botín de tus enemigos que el Eterno tu Dios te dio.”)
Sin embargo, la tradición islámica dice que tal tribu judía se rindió incondicionalmente (en paz) y a pesar de esto, Muhammad interpretaba a su capricho la Torah, y ordenó que a los hombres fueran decapitados, las mujeres y los niños vendidos como esclavos, tal como se lee en el libro de ellos:
أَنزَلَ الَّذِينَ ظَاهَرُوهُم مِّنْ أَهْلِ الْكِتَابِ مِن صَيَاصِيهِمْ وَقَذَفَ فِي قُلُوبِهِمُ الرُّعْبَ فَرِيقًا تَقْتُلُونَ وَتَأْسِرُونَ فَرِيقًا ﴿٢٦﴾ وَأَوْرَثَكُمْ أَرْضَهُمْ وَدِيَارَهُمْ وَأَمْوَالَهُمْ وَأَرْضًا لَّمْ تَطَئُوهَا ۚ وَكَانَ اللَّـهُ عَلَىٰ كُلِّ شَيْءٍ قَدِيرًا ﴿٢٧﴾
(26)
(“E hizo bajar de sus fortalezas a los de la gente de la Escritura [de los Judíos] que habían ayudado a los agresores, y puso terror en sus corazones: a algunos los matasteis, y a otros los hicisteis prisioneros;(26) y os hizo herederos de sus tierras, sus casas y sus bienes --y [os prometió] tierras en las que jamás habíais puesto el pie: pues, en verdad, Allah tiene el poder para disponer cualquier cosa.”)
Corán, Al-Ahzab 33:25-26.
Según el RaMBa”M, si Muhammad hubiese aplicado la ley judía, la halajah el tributo hubiese consistido en haber servido al rey con sus personas y propiedades, en tareas como la construcción de murallas, las fortificaciones, la construcción del palacio real y otras similares (Ya”d Jazakah, Hiljot Melajim 6:1), y no haberles exterminado como sucedió en la tribu judía de los Banu-Qurayza.
Que Muhammad buscará en el Tana”j el fundamento de su proceder bélico no es una acusación sólo judía. El propio Richard Bell, al explicar por qué el Islam es, según sus palabras, «no solo una religión sino un Estado», recordaba que eso era lo que Muhammad había visto en el cristianismo imperial de su tiempo y también lo que había recogido del Antiguo Testamento (The Origin of Islam in Its Christian Environment, Londres: Macmillan, 1926, 2; citado por Reynolds, 5–22). Del Tana”j tomó, pues, la sacralización de la autoridad política; no tomó el aparato de límites con que la halajah la contiene: la oferta previa de paz y el tributo en forma de servicio que Maimónides consigna en Hiljot Melajim 6:1.
A todas luces podemos ver que Muhammad no está dotado de las características de los profetas hebreos, que como dice R’ Shem Tov Ibn Shaprut, en Even Bojan, Sha’ar Alef, cap. 6:1:
ולכן מתנאי הנביא שיהיה כחם ונכון ובעל מדות טובים, כמו שאמרו חז"ל, אין הנבואה שורה אלא על כחם גבור ועשיר.
(“Por eso entre las cualidades del nabi (profeta) se cuenta ser sabio, inteligente y dotado de las virtudes cardinales como dijeron nuestros sabios de bendita memoria, ‘La inspiración profética no reside sino en el sabio, rico y fuerte’ (Talmud Bavli Masejet Shabat 92 a)”.
Por ello el RaMBa”M en Mishneh Torah¸ en Hiljot Yesod HaTorah 7:4 dice:
ח [ד] כל הנביאים--אין מתנבאין בכל עת שירצו, אלא מכוונין דעתן ויושבין שמחים וטובי לב ומתבודדין: שאין הנבואה שורה לא מתוך עצבות ולא מתוך עצלות, אלא מתוך שמחה. לפיכך בני הנביאים, לפניהם נבל ותוף וחליל וכינור, והם מבקשים הנבואה; וזה הוא שנאמר "והמה מתנבאים" (שמואל א י,ה)--כלומר מהלכין בדרך הנבואה עד שיינבאו, כמו שאתה אומר פלוני מתגדל.
(“Los profetas no profetizan cuando les place, sino tras concentrar sus mentes, lograr un ánimo alegre y benévolo y aislarse, pues la profecía no se posa sobre nadie que esté melancólico o indolente, sino quien está alegre. Por eso los profetas jóvenes hacían tañer ante ellos laúdes, panderetas, flautas y liras cuando quería profetizar (Alef Shmuel 10.5) La palabra mitnab’im en ese contexto, significa que estaban en tren de llegar a la profecía, como quien dice: ‘Fulano se agranda’.)
Además que han de estar dotados de virtudes intelectuales, morales, ciencia y autodominio respectivamente tal como se señala en Shmone Perakim, cap. 7. Con el fin, como señala Ibn Shaprut, (Ibidem, 6:3) de que:
שהנביא ישיג תקון הרע המסודר משני הסדורים הנזכרים בתיקון הנפש וקיום מצות האל יתברך. ולא יזהיר עליו, ולאו לא…
“El profeta consigue modificar la desgracia decretada a partir de los dos medios mencionados: la corrección del alma y el cumplimiento de los preceptos del Eterno. Por eso, exhorta a estos mientras aquellos, no…”
Las condiciones que fijan Maimónides e Ibn Shaprut no son una exigencia retroactiva de la tradición judía. Los testimonios no musulmanes más antiguos sobre Muhammad, anteriores a la primera biografía islámica conservada, se mueven en un registro semejante: ninguno de ellos lo llama profeta salvo uno, y ese lo hace para desautorizarlo. Conviene recorrerlos en orden, citados desde su lengua original.
El más temprano en la tradición es la Doctrina Jacobi nuper baptizati, tratado cristiano en griego contra los judíos, ambientado en Cartago en el 634 y compuesto, según se cree, en Erretz Israel; su fecha exacta se discute, y Sean Anthony ha propuesto los años 670. En V.16, un judío llamado Justo lee ante los conversos de Cartago la carta de su hermano Abraham, que cuenta cómo recibieron los judíos de Erretz Israel la muerte de un candidatus (oficial de la guardia imperial) a manos de los sarracenos:
Ὅτε γὰρ ἐσφάγη ὁ ‹Σέργιος› Κανδιδάτος ὑπὸ τῶν Σαρακηνῶν, εἰς Καισάρειαν ἤμην … καὶ λέγουσιν· Ὁ Κανδιδάτος ἐσφάγη. Καὶ ἔσχαμεν οἱ Ἰουδαῖοι χαρὰν μεγάλην. Καὶ λέγουσιν ὅτι ὁ προφήτης ἀνεφάνη ἐρχόμενος μετὰ τῶν Σαρακηνῶν καὶ κηρύσσει τὴν ἔλευσιν τοῦ ἐρχομένου Ἠλειμμένου καὶ Χριστοῦ.
(“Cuando fue degollado el candidatus ‹Sergio› por los sarracenos, yo estaba en Cesarea… y dicen: «El candidatus ha sido degollado». Y nosotros, los judíos, tuvimos gran alegría. Y dicen que ‘un profeta’ se ha manifestado, viniendo con los sarracenos, y que proclama la venida del Ungido que ha de venir, el Cristo.”)
-Doctrina Jacobi nuper baptizati V.16, ed. Vincent Déroche, en Gilbert Dagron y Vincent Déroche, «Juifs et chrétiens dans l’Orient du VIIe siècle», Travaux et Mémoires 11 (1991): 17–273, aquí 208–209; reed. en Juifs et chrétiens en Orient byzantin (París: Association des Amis du Centre d’Histoire et Civilisation de Byzance, 2010). Cf. Anthony, S. W. (2014). Muḥammad, the Keys to Paradise, and the Doctrina Iacobi: A Late Antique Puzzle. Der Islam, 91(2), 243–265. Cf. Hoyland, R. G. (1997). Seeing Islam as Others Saw It. Princeton: Darwin Press, cap. 3, «A Christian Apologist of 634».
La alegría no se sostiene. Abraham acude a un anciano versado en las Escrituras, quien dictamina que el tal ‘profeta’ es un impostor (πλάνος, plános) y pregunta si acaso los profetas vienen «con espada y carro» (μετὰ ξίφους καὶ ἄρματος, metà xíphous kaì hármatos). Tras indagar con quienes lo habían tratado, Abraham concluye que en el llamado ‘profeta’ no hay verdad alguna, solo derramamiento de sangre, y que dice poseer «las llaves del paraíso» (τὰς κλεῖς τοῦ παραδείσου, tàs kleîs toû paradeísou), cosa que le parece increíble. Es un relato cristiano y su retrato de la alegría judía es literario, pero el pasaje es útil en dos sentidos. Por la palabra: Ἠλειμμένος (ēleimménos), participio de ἀλείφω («ungir») en lugar del habitual Χριστός, es una elección que Déroche y otros consideran de sabor judío, y su sentido es el del heb. מָשִׁיחַ (mashíaj); el texto atribuye a los judíos de Erretz Israel la esperanza de que el profeta anuncie la llegada del Mesías, el mismo orden de cosas que Maimónides consigna en la Igeret Teiman (reinos de Ismael, subida de Muhammad, venida del Mesías), y que Anthony recuerda también en el apocalipsis judío del siglo VIII Nistarot de Rabí Shimʿón bar Yojai (נסתרות רבי שמעון בן יוחאי). Y por el criterio: lo que descalifica al «profeta» no es su doctrina sino su conducta, el profeta que viene armado.
Contemporáneo de estos hechos y testigo directo de ellos, Sofronio, patriarca de Jerusalén, no pronuncia en sus homilías el nombre de Muhammad ni habla de profeta alguno: los sarracenos (Σαρακηνοί, Sarakēnoí) son para él un castigo por los pecados de los cristianos, que atacan, saquean, derraman sangre y blasfeman contra Cristo y la Iglesia.
-Sofronio de Jerusalén, Homilía sobre el santo bautismo, ed. A. Papadopoulos-Kerameus, Analekta Hierosolymitikes Stachyologias V (San Petersburgo, 1898), 166–167. Cf. Hoyland (1997), cap. 3.
Hacia el 640, un sacerdote siro-occidental, Tomás el Presbítero, anota en su crónica un combate cerca de Gaza: en el año 945 de los seléucidas (634 e.c.), un viernes 4 de febrero, a la hora nona, a doce millas al este de Gaza, los romanos fueron derrotados por:
ܛܝܝܐ̈ܐ ܕܡܚܡܛ
טייאא דמחמט
(ṭayyāyē d-Mḥmṭ: «los ṭayyāyē —nombre siríaco de los árabes, de la tribu de Ṭayyiʾ— de Muhammad».)
-Tomás el Presbítero, Crónica (ca. 640), en Chronica Minora II, ed. E. W. Brooks, Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium 3, Scriptores Syri 3 (París, 1904), 147–148; trad. latina de J.-B. Chabot, CSCO 4. Cf. Hoyland (1997), 118–120. Resumen propio a partir de la versión inglesa de Hoyland.
El nombre se escribe con ṭet final (ܛ), y no con dálet como en otras fuentes, y suele leerse como Muhammad; pero Tomás no le da título alguno, y, como observa Anthony, el pasaje no muestra rastro de que las conquistas obedecieran a un ‘profeta’ ni a mensaje religioso alguno.
Hacia los años 660, el anónimo Cronicón de Juzestán, de la Iglesia de Oriente, vuelve sobre él al narrar la caída del imperio sasánida: Dios levanta contra los persas a los «hijos de Ismael», numerosos como la arena a la orilla del mar, y su conductor es Muhammad:
ܡܕܒܪܢܐ · ܡܚܡܕ
מדברנא · מחמד
(mdabbrānā · Mḥmd: «conductor, gobernante» · «Muhammad». «Entonces Dios levantó contra ellos a los hijos de Ismael, [numerosos] como la arena a la orilla del mar, cuyo conductor (mdabbrānā) era Muhammad (Mḥmd)».)
-Cronicón de Juzestán (Crónica anónima de Guidi), ed. Ignazio Guidi, Chronica Minora I, CSCO 1–2 (París, 1903). Versión propia a partir de la inglesa de Hoyland (1997), 182–189. Cf. Penn, M. P. (2015). When Christians First Met Muslims: A Sourcebook of the Earliest Syriac Writings on Islam. Berkeley: University of California Press, 47–53.
El término mdabbrānā, nombre de agente de ܕܒܪ («conducir, gobernar»), designa a quien conduce o administra, no a quien recibe una revelación; es el mismo campo semántico de mhaddyānā en Bar Penkaye.
En el ámbito armenio, la historia atribuida a Sebeos (hacia los 660) presenta a Muhammad con tres rasgos, mercader, predicador y legislador, pero tampoco con el de profeta:
Մահմետ · վաճառական
(Mahmet · vačaṙakan: «Mahmet» · «mercader».)
Un hijo de Ismael llamado Mahmet, mercader, aparece entre ellos como predicador, les enseña a conocer al Dios de Abraham, pues dominaba la historia mosaica, y les prescribe abstenerse de la carroña, el vino, la mentira y la fornicación. Sebeos registra además que judíos huidos de Edesa pidieron ayuda a los ismaelitas y les recordaron el parentesco bíblico por Abraham.
-Pseudo-Sebeos, Historia armenia, cap. 42, en The Armenian History Attributed to Sebeos, trad. y notas de R. W. Thomson (Liverpool: Liverpool University Press, 1999), pt. 1, 95–96. Paráfrasis propia. Cf. Anthony (2014), 263 n. 60.
Y en el 687, el monje Yohanan bar Penkaye le da el nombre que ya hemos visto en las fuentes siríacas.
En un testimonio que no menciona el Corán, Muhammad aparece como un mero «guía». Así lo describe Yohanan bar Penkaye en su Ktaba d-Resh Melle (finales del siglo VII), libro XV, donde lo llama mhaddyana (ܡܗܕܝܢܐ, מהדינא «guía») de los suyos y refiere la pena de muerte que se imponía a quien pareciera no acatar sus leyes (ܢܡܘܣܘ̈ܗܝ ,נמוסוהי namusaw). Bar Penkaye, monje de la Iglesia de Oriente, escribió hacia el 687, lo que convierte su relato en una de las primeras referencias históricas a Muhammad: